al azar

El peligroso exceso de seguridad

29.08.2013 | 02:00

En la carretera se ha localizado una resbaladiza mancha de aceite. La empresa de transportes recuerda que tiene un autocar en la zona, por lo que telefonea urgentemente al conductor del vehículo para que tome las precauciones de rigor. La respuesta a la llamada desconcentra al chófer, que comete una imprudencia por exceso de seguridad con resultados fatales. ¿Era más peligrosa la superficie aceitosa o los medios técnicos orquestados para prevenir su impacto?

He jugado a menudo con el anterior escenario teórico, que la tragedia de Santiago devuelve a la actualidad. A falta de pormenorizar el tráfico de comunicaciones, se destaca que el maquinista atendía a una "llamada innecesaria" recibida por el móvil de su empresa en el instante fatídico. El carácter superfluo de la comunicación suena a intolerable sarcasmo, a la vista de su desenlace. A efectos de este artículo, no tiene mayor importancia la procedencia de la llamada entrometida, sino su materialización en un entorno laboral de alta tensión. El operario lleva un teléfono corporativo para que suene.

Si el maquinista hubiera subido al tren sin su teléfono corporativo, habría protagonizado una flagrante contravención de docenas de reglamentos. Ahora bien, el siniestro mortal en cuestión no se hubiera producido, anulada la fuente del tremendo error. Frente a la voraz industria de la seguridad y sus sistemas redundantes –dos teléfonos mejor que uno–, la mayoría de empleos exigen un grado superior de aislamiento para alcanzar la concentración idónea en su desempeño. En la actualidad, ni un solo trabajador dedica el cien por cien de atención a su tarea.
Estamos programados para despistarnos, para estar pendientes de los imponderables tecnológicos contemporáneos. Los resultados no siempre son mortales, gracias a la suplencia de momento sólo parcial a cargo de las mismas máquinas que nos distraen.

El impagable Michael Crichton concentró en su Parque jurásico la paradoja de que la multiplicación de medidas de seguridad para evitar la entrada acaba por impedir la salida. Expresiones del cariz de "¿qué tal vais?" o "bien, estamos llegando", procedentes del tren mortal, demuestran que la yuxtaposición de mecanismos es peor que un crimen, es un error. Se constata que el exceso de influjos paraliza la velocidad de reacción. Los ingenieros han olvidado en algún punto del trayecto el mayor axioma de la era digital. Siempre que haya un teléfono disponible, habrá un insensato dispuesto a utilizarlo.

Enlaces recomendados: Premios Cine