tribuna abierta

Lectores líquidos

25.08.2013 | 02:00

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman ha dedicado varios ensayos a la sociedad líquida, caracterizada por la movilidad, la relatividad de valores, el individualismo, y sobre todo la falta de compromiso en todo tipo de relaciones, con la insatisfacción constante como resultado.
Algo parecido parece estar ocurriendo en la relación de los lectores con los medios de comunicación.

Se me hizo muy evidente el otro día cuando en la ciudad en la que veraneo escuché preguntar a una muchacha por un periódico que ofrecía ese día toallas de playa.

Hice el comentario espontáneo de "¡hay que ver a lo que tienen que recurrir para vender periódicos!", y la quiosquera me comentó que cada vez más gente cambia de periódico según la oferta que acompaña al ejemplar del día sin consultar siquiera los titulares.

El fenómeno ocurrió primero con las revistas, cuando empezó su pérdida de lectores por culpa, entre otras cosas, de la competencia que les hacían los suplementos de fin de semana de los diarios, y ha terminado extendiéndose a estos últimos.

Antes, la relación con un periódico era una relación casi de por vida: había el lector de ABC, el de la Vanguardia, si uno vivía en Cataluña, el de Ya, cuando existía ese diario de inspiración católica.

Cada periódico ofrecía a sus lectores su particular visión de la política, de la sociedad, del mundo en general, en la selección y el enfoque de sus informaciones, en la ideología que impregnaba sus editoriales. Y se establecía de ese modo una fuerte identificación entre ambas partes, sustentada en unos valores hasta cierto punto compartidos.

Pero eso está cambiando y al igual que ocurre con otro tipo de relaciones, la constancia, la fidelidad parecen pertenecer ya al pasado.
De ahí que los periódicos tengan que recurrir a ese tipo de estratagemas de mercadotecnia para atraer a nuevos lectores, fidelizar a los que ya tienen e impedir que se les vayan a cualquier de sus rivales porque les atrae más la oferta de acompañamiento que se les hace.

Se trata ciertamente de un fenómeno preocupante para la prensa en general, obligada muchas veces a trivializar sus contenidos para captar la atención y convertida cada vez más en simple mercancía en una sociedad en la que la seguridad ha dejado cada vez más paso a la flexibilidad en todos los órdenes de la vida: desde el trabajo o la política hasta las relaciones personales.

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