tribuna abierta

Ensalzando la noble actividad política

25.08.2013 | 02:00

La crisis ha generalizado un sentimiento de desapego hacia lo público, que no cuestiona la democracia en sí, pero que pone el acento en la capacidad de la política para conseguir soluciones efectivas a los problemas que atravesamos y termina por generar desafección.

No es la primera vez que hablamos de este asunto en nuestra cita con los lectores, pero lo cierto es que en el actual contexto, este descontento es perfectamente entendible, pero no ha de tomarse como bandera para agitar a la opinión pública para seguir minando su, de por sí, deteriorada confianza.

Es muy triste e igualmente condenable por la irresponsabilidad que conlleva, que este clima –que corre el riesgo de derivar en abstención– intente ser aprovechado por quienes buscan rédito cortoplacista a partir del comprensible descontento humano.

Y lo decimos porque los hay muy preocupados no tanto por el desencanto en sí, como por comprobar que el desapego del que hablamos también afecta a buena parte de una oposición irresponsable que se aleja del acuerdo y del consenso, para instalarse en la crítica irracional.

Pero también nos referimos a determinadas formaciones políticas que intentan encontrar seguidores lejos de las fuerzas mayoritarias, y también a opciones localistas y populistas, empequeñecedoras, que tratan de sacar partido del malestar ciudadano con lemas inconsistentes y simples que evidencian una total falta de ideología y de futuro.

Creemos firmemente que, en tiempos de dificultad hemos de estar dispuestos a demostrar que la Política con mayúsculas no es el problema, sino la solución. Juntos valemos más que separados, y no es útil la confrontación, sino el consenso y el trabajo común.
La discrepancia ideológica tiene cabida y es importante que exista, pero toda vez que esta crisis que atravesamos procede de causas de carácter global –agravadas por la acción irresponsable de algunos–, es preciso que empeñemos nuestros esfuerzos en recuperar la confianza de los ciudadanos en el sistema.

Cierto es que, en ocasiones, no falta razón a quienes achacan este desasosiego de los españoles a la falta de respuestas eficaces a problemas que llevan años sin solución. Por ello, ante las reiteradas encuestas que revelan este hartazgo de la ciudadanía, creemos necesario aceptar la crítica razonada, que es siempre más útil que el halago. Como humanos pediremos humildemente perdón ante posibles errores, pues habremos de cometerlos, pero nunca seremos negligentes.

Siempre hemos defendido que es preciso fomentar que sean los mejores quienes desempeñen estas funciones, convencidos de que el político nunca pierde la consideración de ciudadano, pues emana de la propia sociedad, y que hay buenos y malos políticos en el mismo porcentaje que en todas las áreas de actividad humana. En un sistema democrático como el nuestro, fuera de la política hay muy poco, y las experiencias al respecto no son especialmente positivas.

El político asume una responsabilidad voluntaria, un verdadero compromiso con la sociedad. Este gesto bien merece que trabajemos por recobrar la credibilidad de quienes ejercemos estas funciones de forma altruista, y tenemos la satisfacción del deber cumplido como recompensa.

Llamamos, en consecuencia, a un nuevo concepto de liderazgo político que haga bandera de la normalidad, y sea capaz de superar la desafección de los españoles hacia el actual sistema, que nos permita coordinar los diferentes niveles de poder institucional y territorial, actuando de forma responsable y coherente.

Habría de completarse con un gran acuerdo que implique a toda la sociedad, incluyendo a los medios de comunicación y a los agentes sociales y económicos, que reivindique la importancia de lo conseguido hasta la fecha en democracia, y los compromisos cumplidos con los españoles. Abundan ejemplos en todos los partidos políticos sin excepción y, desde luego, en cada una de las instituciones.
Es difícil ser un coherente profesional en cualquier área y un incoherente ciudadano: eso al final es la política.

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