lo que hay que oír 

Excrementos de belleza

24.08.2013 | 02:00

Se presentaron ellos mismos, sonrientes y brillantes, nada más poner yo los pies en el Esthetika Bodywork Siluet & Skinface de mi barrio:
–¡Jai! Mi nombre es Borja y ella es Allyson, somos sus "beauty consultants": ¿podemos nosotros ayudarle?
¡Cómo ha cambiado la zona en la que vivo, qué bien, qué posmodernidad rezuma, todo en inglés aunque se usen palabras españolas, da gusto, parece Berlín, parece Nueva York, no parece la barriada que es!
–Yo venía a ver si me hacen un tratamiento de belleza, que ando con la piel como con escaras, como seca, como con manchas, como cuarteada, no sé si me entienden.
–¡Seguro, de curso! Permítanos, primero de todo, ofrecerle una cerveza energética como regalo de guélcom. Ella está elaborada con excrementos de elefante. Espumosa, sin estiércol, solo con los granos de café que come el proboscidio. Riquísima. O un café tailandés, también basado en la caquita del mismo animal, completamente fain, muy cul.
–Pues un poquito de cada.
–Excelente elección, señor. Bien, vamos ahí. Nosotros comenzamos el tratamiento hidratando la piel con heces de ruiseñor. Nosotros evitamos el mal olor con unas gotas de vómito de cachalote.
–Usted sabe –terció Allyson–: ello es producido por los restos no digeridos de los calamares que el cachalote come. Aunque la baba de caracol también es grande para retener la humedad de la piel.
–Nosotros seguimos para limpieza con residuos expelidos por el ano del colibrí. Con prepucio sobrante de las circuncisiones contra el envejecimiento de la piel. Con orina o veneno de serpiente contra las arrugas.
–La verdad, suena un poco asqueroso –me permití objetar mientras mis tripas entonaban cánticos gozosos, si bien descompasados, por la mezcla de cerveza y café de mierda de elefante. Nunca lo hubiera hecho.
–Señor, oh, mi señor, no hable usted eso –se atropellaron a contestarme al unísono, apartándose de mí, mirándome como apestado–. Tom Cruise, Gwyneth Paltrow, cien por ciento de estrellas de Hollywood usan esos productos. Sandra Bullock combate las líneas de expresión y las ojeras con crema para las hemorroides dándosela en el rostro. Y Eva Longoria con proteínas de placenta. Y Demi Moore desintoxica su cutis dejándose succionarlo con sanguijuelas.
–¡Yo ruego su perdón, apologizo, apologizo! –exclamé compungido y contagiado ya por el modo de hablar de mis advisors, tan inglés, tan cosmopolita, tan de traductor automático de Google.
–Aunque ello es bueno también –se reconcilió conmigo Borja– recubrir el rostro con hojas de oro de veinticuatro quilates para combatir las esas arrugas. O dándose un baño con polvo de diamantes, como ello hacen Angelina Jolie y Sharon Stone. Un poco más expensivo sí es ello, claro.
–Yo me pongo en sus manos, que lo que quiero es ir a la última y salir de aquí más guapo que un San Luis, que quiero parecerme a los que salen en las fotos de los suplementos de colorines dominicales.
–Oquéi, oquéi, está todo derecho. Una crema de esperma de ballena en lo primero. Y usted permite que yo le ponga este DVD de fondo. ¿Usted nota el aroma?
–¿El aroma?
–Oh, sí. Aroma de pizza recién horneada cuando el DVD se reproduce. Ello es definitivo absolutamente. Lo usan...
–¿Todos los vips de Hollywood?
–Sí, señor, y de Marbella y de Ibiza. Usted puede.
Y pude. Cómo ha cambiado mi barrio. Al cabo de dos horas, salí del Esthetika Bodywork Siluet & Skinface pimpante, hecho un pincel. Untado y rebozado de mierdas, pero como si estuviese en Manhattan. No hay nada como ir con los tiempos de mierda que corren.

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