tribuna abierta

Bajadas y subidas... de vírgenes

23.08.2013 | 02:00

Entre bajadas y subidas de vírgenes en pueblos, comarcas o islas de Canarias, si además le sumamos los desfiles de los santos patronos de las innumerables romerías, las fiestas patronales sean santos o vírgenes en cuya advocación se celebran, diríamos que no queda un solo día en el año sin celebración a la imperante beatería del Nacional Catolicismo de Canarias.

Si contásemos las reinas infantiles, reinas adultas y reinas de la tercera edad, tanto para bajadas o subidas, fiestas patronales o fiestas de carnaval, que se han proclamado en los últimos quince años, seguro que no cabrían en el estadio de Santa Cruz.

Y esto ocurre cuando las agresiones machistas a veces con pérdida de vida, aumentan a pesar de las medidas legales y las campañas de igualdad de género. O sea que a pesar de tanto fervor y tanta encomienda y acompañamiento a santos y vírgenes a veces hasta con peleas por cargar las imágenes no evitan comportamientos machistas, agresiones, incestos y pederastia.

A mi entender y con respeto a la religión católica y a todas las creencias, creo que lo que domina es la idolatría, la idolatría por tal o cual virgen o santo, la idolatría por un mal entendimiento de la creencia en una fe sea católica, budista o hinduista.

Idolatría a la que contribuye la cúpula oficial de la Religión Católica, como apoyo y sostén al propio poder que mantienen sobre poblaciones –en este caso de Canarias– en el pasado ignorantes, pero que a pesar del progreso económico y a veces hasta cultural, no se ha atrevido a desterrar y abolir tales prácticas que mayoritariamente son apoyadas y sustentadas por cargos públicos en instituciones. O sea la laicidad constitucional del estado hace aguas por todos lados.

Ya va siendo hora de cambios radicales, sin por ello dejar de respetar las creencias religiosas cualesquiera que sean, y que puedan celebrar sus ritos o prácticas religiosas basadas en su fe en sus templos, sinagogas o mezquitas si las hubieren, hacer efectiva la laicidad constitucional y por tanto no ocupar las calles ni cualquier espacio público, para actos religiosos, no presidir los mismos por personas en representación de instituciones públicas.

Ya va siendo hora de que las personas entiendan que las creencias en la salvación y la vida eterna a través de su fe, es personal entre ella y el dios al que abrazan y por tanto a nadie le debería interesar cuáles son los vínculos y cómo se corresponden con él.

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