artículos de broma

El llanero solitario

21.08.2013 | 02:00

En torno a los 30 grados centígrados a la sombra del kiosco, el papel de prensa empieza a rizarse y despide un aroma seco y algo picante en nariz, que contiene verano, vacaciones y, para muchas memorias de capacidad media, El llanero solitario, que en los años 60 y 70 llegaba de México. Esos tebeos de editorial Novaro, impresos en el lujo del "a todo color" y con portada acharolada, traían la modernidad americana, vertical, cuatricromática y conectada con la televisión. La trama de colores no necesitaba lupa cuentahilos para ver en cada viñeta lo que nos devolvería Roy Lichtenstein en cuadro. En muchas portadas salía Clayton Moore, que los mayores más privilegiados conocían de las primeras emisiones de TVE. Esa encarnación despistaba a los pequeños: El llanero solitario existía.

"Arre, Plata" (en el original "Hi Yo, Silver"), despedía cada aventura del ranger con antifaz condenado a galopar siempre, por venganza y por justicia, a lomos de un caballo blanco como el de la chica de Terry y el del caballero del detergente "Ajax".

Se llamaba Toro al indio potawatomi que acompañaba al héroe, que en el original americano tenía el nombre menos agraciado de "Tonto", inspirado por la sonoridad, no por el significado. En los 80 años que separan el origen del héroe en una radio de Detroit de la producción de Hollywood, el castellano en Estados Unidos ha crecido tanto que no sé a qué sonará ahora. Aquí se hacía raro que los "malos", que en los tebeos nacionales eran villanos, malandrines, malvados o felones, fueran llamados "pillos", palabra de uso corriente con el que las tías solteras nombraban a los niños listos y traviesos.

El Oeste era entonces el punto cardinal al que se orientaban casi todas las ficciones, juegos y juguetes. Ahora es un paraje desértico al que los niños no quieren ir y al que les resulta difícil volver a los mayores.

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