tomando el pulso

Detrás de barra

20.08.2013 | 01:18

No hay nada más que estar observando, una vez más, desde la barra de una tasca o un bar para uno darse cuenta de lo que tiene un profesional que soportar a diario con más de un personaje, reconociendo que gracias a Dios, no son todos. Siempre se ha dicho que entre profesionales y clientes, por mucha amistad que exista, hay una línea imaginable que nunca se debe traspasar, pensando siempre en un trato con educación y respeto entre ambos, unos para servir y otros para consumir, logrando una velada inmejorable si ambos disfrutan. Pero claro, como se dice, no todo el monte es orégano, existen variedad de casos, a cual más excéntrico pero con ganas de fastidiar. Llegar y preguntar: ¿Qué tiene? y una pizarra a la vista, ¿a qué hora cierra? quizás es consciente de llegar tarde, ¿abren el domingo? nunca acude pero le gusta saberlo, ¿me puede servir media cañita de cerveza qué no tengo muchas ganas? si se la invitan se la toma entera, seguro. De todos es sabido que cuando aparece uno diciendo que no tiene ganas de comer, porque hambre es otra cosa y más grave, los de alrededor empiezan a temblar, ya que tiene todas las papeletas para realizar al menor descuido un vuelo rasante dando muestras de no haber comido en mucho espacio de tiempo. Pedir un solomillo con salsa de queso azul pero sin salsa, a la pimienta pero sin bolitas, ¿por qué no lo pide a la plancha? , champiñones al ajillo sin ajo y sin aceite, digno de una reflexión, un pollo Thai donde se presume domina la esencia del puerro y pimiento rojo, lo solicitan sin verduras. En pescados no podemos olvidar el famoso Ceviche peruano, pedirlo sin pescado crudo. ¿No es más fácil pedir unos churritos de merluza debidamente rebozados y posteriormente doraditos? Le toca el turno al famoso Gin-tonic con Schewepps de limón, sin duda algo singular.
Muchos teníamos entendido que se trataba de ginebra con tónica pero ya vemos que más de uno personaliza. Finalmente no tiene desperdicio el que llega con calor pidiendo un vaso de agua fría a coste cero para sin dudarlo, refrescarse la cabeza en presencia de todos, todo un ejemplo a no seguir. En fin, analizado el personal y sus manías, sólo podemos decir a los profesionales: ¡Gracias! por aguantar a más de uno.

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