fin de siglo

Complementos y komplementos

20.08.2013 | 01:18

Al final, todo es una cuestión de nomenclatura. Si usted, en vez de llamar sobresueldo al sobresueldo, lo llama "complemento", el dinero raro deviene en dinero normal. No entraremos ahora en la discusión sobre si es posible la existencia de un dinero normal porque sería tanto como decir qué entendemos por sexo normal. Quizá ninguna forma de sexo ni de dinero sean normales, aunque las hay, desde luego, francamente patológicas. Los billetes de 500 euros en sobres marrones, por ejemplo, forman siempre parte de una cadena linfática hecha polvo. Lo que queríamos decir es que si usted, que pertenece a la nobleza, llama al divorcio "interrupción temporal de la convivencia", deja de confundirse con esa chusma de clase media que se junta y se desajunta como los partidarios del amor libre. Si usted llama "excesos" a las cargas policiales que dejan tuertos a los ciudadanos, puede seguir sin problemas con su política de orden público, aunque se trate de una política desordenada. Cuando usted llama "protección" al chantaje, usted ya está en la mafia, a la que ha llegado casi sin darse cuenta, dejándose llevar, como vemos, por la nomenclatura.

Si usted, a la palabra nomenclatura, le cambia la ce por una ka, le sale nomenklatura. Basta una pequeñísima sustitución, qué misterio, para viajar a la extinta Unión Soviética, donde este término diferenciaba a los que mandaban de los que no. Pertenecer a la nomenklatura significaba tener asegurados el pan, el aceite, la habitación, la leche... La nomenklatura es un caso especial de la nomenclatura. Por extensión, podríamos aplicar la primera al conjunto de militantes del PP que formaron parte en su día del equipo de Aznar, la vieja guardia, que se dice también, hoy al borde del precipicio. Significa que las nomenklaturas son tan inestables como las nomenclaturas. Del mismo modo que los sobresueldos de ayer son los "complementos" de hoy, los generales de entonces se manifiestan ahora como cabos de primera desharrapados. ¿Cómo no acordarse, al verlos desfilar por los juzgados, protegidos por las fuerzas de orden público, del Cascos tronante o del Javier Arenas suficiente? Se han precipitado de la nomenklatura a la nomenclatura. Son una mera lista de sospechosos, un conjunto de desmemoriados. ¡Qué vida!

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