sólo será un minuto

Abecedario

20.08.2013 | 01:18

Como escritor, Andrés seguía a rajatabla un abecedario que protegía contra miedos e inseguridades. A de amistad: cada libro le permitía hacer amigos invisibles. B de bíceps: a más entrenamiento con las palabras, más fuerza para pelear con ellas. C de críticas: sólo leía las positivas, las negativas ya se las hacía él. D de diccionario: su mejor aliado. E de estilo: siempre te acaba encontrando, si lo tienes. F de familia: la que te mantiene los pies en el suelo cuando tienes la tentación de acomodarte en un pedestal. G de guía de teléfonos: cada nombre esconde una historia. H de husmear: el mundo está lleno de pistas falsas. I de ingresos: si escribes por dinero, el dinero acaba escribiendo por ti. J de jactancia: un artista que recurre a ella deja de serlo para convertirse en un fantoche. K de klínex: para quitarse el sudor, para dar consuelo. L de libreta: siempre a mano para anotar las ideas, aunque el 90 por ciento no sirva. M de modelos: cuanto antes te despegues de los escritores que admiras, antes dejarás de ser su prisionero. N de nueces: el fruto siempre está protegido por una cáscara durísima. O de obstinación: escribes, luego insistes, y corriges, y llenas la papelera. P de pinzas: cuando se termina una obra se tiende para que se airee y dejes de pensar en ella como algo propio. R de reloj: las prisas sólo son buenas para los repartidores de pizzas. S de servilletas: las buenas ideas llegan en los momentos más inesperados, y cualquier clase de papel es útil para no olvidarlas. T de trampas: la vanidad es especialista en ponerlas, y el exceso de confianza también, por no hablar del desánimo. U de utensilios: lápiz y papel. No se necesita nada más para empezar a construir una historia. Hay pocos trabajos que necesites tan poca infraestructura. V de vanidad: el peor enemigo del hombre cuando se trata de hacer algo valioso y sin contaminar por necesidades tóxicas. Y de yoyó: el estado de ánimo sube y baja, se trata de aprender a jugar con él. Z de zombi: escribir te convierte en un muerto viviente que sueña con que las palabras devoren a los lectores.

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