zigurat

Valores literarios

17.08.2013 | 02:00

La inducida crisis –gran estafa– que actualmente nos azota, no supone una abstracción, muy al contrario, queda concretada en el diario sobrevivir de millones de mujeres y hombres. Afecta considerablemente a jóvenes, personas de mediana edad y también personas mayores. Pero si las consecuencias del llamado jueves negro (24/10/1929) en EEUU, resultaron devastadoras, y junto a la pauperización agrícola, una obsoleta industria y las repercusiones en la banca, ocasionaron la consustancial especulación, paro y descenso demográfico, entre otros enormes efectos, ahora la crisis adquiere diferentes dimensiones. Fue en el transcurso del crack del 29 cuando surgió la Generación Perdida, escritores estadounidenses como John Steinbeck, Ernest Hemingway, John Dos Passos o Francis Scott Fitzregald, por ejemplo. En las actuales circunstancias predominan libros en géneros como el ensayo, contestación política, elaboración histórica, y denuncias y también propuestas económicas. Escasa la elaboración literaria (poética o narrativa) inscrita en la "gran estafa" y que nos sea debelada.

Lo anterior a colación de lo expuesto en el Encuentro de Jóvenes Escritoras y Escritores de Canarios (29/01/2007-01/02/2007), intervenciones publicadas (Ediciones KA, VVAA, I-II, Tenerife, 2007), destacándose meritorias contribuciones, pero que, por prematuros y justificados motivos, no pudieron abordar la presente crisis y cómo en ella se desenvuelve la literatura canaria. Quedó dicho Encuentro circunscrito a remisiones histórico-literarias y hasta legítimas aproximaciones de corte sociologista. No se trata, obviamente, de sentar las bases respecto a un previsible nuevo Encuentro, sí precisar la categoría alcanzada por algunos de sus intervinientes, sumamente relevantes. Quepa referirse también a la continuidad de determinadas trayectorias, posteriormente constatadas. Sin olvidar un aspecto, radicalmente desligado de lo antes expuesto, y es el de la actual aparición de nuevos poetas y narradores; creadores situados entre los veintitantos y los treinta y pocos años, algunos de ellos sin obra publicada, pero merecedores de la más escrutadora atención. Los nuevos valores literarios no demorarán –doble contra sencillo– en ofrecernos la calidad de sus bien elaborados textos. Pero, prácticamente desaparecidas bastantes revistas culturales, literarias, más concretamente, sin incidir, dada la aludida crisis económica, en la desmercantilización editorial como alternativa, ausentes atrevidas propuestas autónomo culturales, girando la atención editorial en torno a los reiteradamente denominados como consagrados –muchos, absolutamente decepcionantes y rozando la mediocridad–, y escasísimos los concursos literarios, los prometedores escritores jóvenes que deseen abrirse paso deben ser apoyados, desearles y exigirles perseverancia y que posean suficiente coraje para lograr alcanzar su objetivo. Pocos, además, los oteadores o los lobos literarios que sepan prestarles merecida atención.

La inducida crisis –gran estafa– pone a prueba a los creadores, sean novísimos, curtidos o consagrados. De ésta adversa experiencia surgirán, o afianzarse aún más, aquellos escritores que sepan diseccionar incisivamente nuestra tan perversa sociedad.

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