entre bastidores

Palos, velas y secretos imposibles

17.08.2013 | 02:00

Los testigos no pueden mentir. Si les pillan les cae un palo. Y si los testigos saben que el juez sabe, o puede saber, por dónde van los tiros, más les vale no pasarse se listos. A María Dolores de Cospedal le preguntaron por el pacto de salida ordenada de Bárcenas y contó lo que ya había contado el propio Bárcenas ante el juez y ante Pedrojota: que se fraguó en una reunión a cuatro entre el mismo, su esposa, Mariano Rajoy y Javier Arenas. O sea, que Cospedal no estaba. A ella, dijo, se lo contó Rajoy: lo del chófer, lo del despacho y lo de la secretaria que mantendría el cesante, que esas cosas hay que hacerlas despacito. Y también le contaron lo de la indemnización vestida de nómina. Pero ella no estaba ahí cuando su jefe y el hombre del dinero negociaron la ocultación del segundo por el bien del primero y de su carrera. Y del partido, claro. A ella le dijeron lo que había que hacer, y lo hizo. Ahora, cuando le han preguntado en sede judicial y bajo amenaza de palo si miente, ha contado que ella era una mandada. Y un mandado, por definición, es lo contrario de un mandante. Ella era una mandada que encima tragaba las ruedas de molino que le ponían en el plato, como la de la indemnización por despido con pago diferido, retención de IRPF y cotización a la Seguridad Social. Para cumplir con lo mandado, la presidenta de Castilla la Mancha aceptó pasar por ignorante en temas básicos de legislación fiscal y laboral. Cuando empezaron a caer chuzos de punta a cuenta de los sobresueldos y de los papeles, salió a dar la cara por el partido y por el líder y consiguió atraer los dardos sobre su persona. Los atónitos telespectadores decidieron que la suyas eran las menos creíbles de las muchas explicaciones increíbles que se les ofrecían. ¿Se daba ella cuenta de que estaba haciendo de carne de cañón?

Si tres son multitud, cuatro no veas. Rajoy, Arenas, Bárcenas y la mujer de este, en abril de 2010. Aún gobernaba (es un decir) Rodríguez Zapatero. Era menester llegar a las elecciones minimizando los riesgos de escándalo. El tesorero imputado cesa, pero con un acuerdo discreto en el que no participa la secretaria general, la número dos, pero si alguien como Arenas, con un cargo de menor relevancia. Cuatro son demasiados para guardar un secreto. Cuando el muro de ocultación se resquebraja, que cada palo aguante su vela: lo dijo Cospedal, y pensamos que solo hablaba del extesorero. Veremos que otros palos recogen trapo mientras silban.

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