a-copla-miento

El Geito, otra parranda conejera

17.08.2013 | 02:00

Con parecidas características a las que analizamos la pasada semana a propósito de El Golpito (otro grupo folclórico lanzaroteño), tenemos hoy en nuestro objetivo a El Geito, otro septeto lanzaroteño que también cultiva la música tradicional canaria junto a géneros latinoamericanos, pachangueros y muy trillados en las islas. Sin embargo, esta parranda de Tinajo cuenta con una voz solista femenina que le imprime carácter y permite una alternancia entre sus cantores en aras de eludir los peligros de la consiguiente monotonía. La solista se llama Fayna Martín Bernal, es joven y posee una agradable voz, así como variedad de melismas cuando interpreta esa isa popular que abre el disco.

El resto de los integrantes está compuesto por Carlos A. Fernández (solista y coros), Segundo Ortega (guitarra), Antonio López (laúd y coros), Zivanzui Saavedra (timple, solista y coros), Ulises Fernández (guitarra y coros) y Carlos López Álvarez (solista y coros). Según consta en el folleto del CD, "el grupo inició su actividad en 2010 durante las fiestas patronales de Los Dolores". Y todos los componentes pertenecen al municipio lanzaroteño de Tinajo.

Un año después, en 2011, grabaron su primer disco en los estudios tinerfeños de Multitrack, con el título de Siete notas de bureo (EMCD 437, depósito legal Tenerife 1378). El Geito, nombre de la parranda, está tomado directamente del portugués, porque el término en español lleva jota, como sinónimo de "maña, habilidad, destreza", que ya en 1828 utilizó Álvarez Rixo, en Tenerife, y Castañeyra en Fuerteventura (Memorias, 1887). En su primera acepción lusitana, geito era el nombre de la red con que se pescaba en el Cantábrico para capturar el boquerón y la sardina.

El disco cuenta con diez piezas, con sólo dos de procedencia canaria: una isa popular y el Somos costeros, de Pancho Guerra. El resto pretende abarcar algunos géneros populares del cancionero latinoamericano, no muy afortunadas en cuanto a su elección y montaje musical, siempre rutinario y monocorde en cuanto a los elementales arreglos de las voces. Así van desfilando por las estrías del CD canciones como Me gustas mucho y Canta, canta, mexicanas y empatadas en caprichoso maridaje, para así satisfacer esa especie de desenfreno verbenero que se suele producir en las plazas de nuestras islas cuando la llamada animación alcanza cotas inimaginables de vulgaridad.

Del resto del repertorio vamos a salvar Boquita de cereza, con su tenue referencia de la música andina (el hilo conductor sería Illapu y Sangre de cóndor) que llega a reconvertir a nuestro timple en charango incásico. Ya lo había intentado hace años nuestro amigo y compañero Juan Santana en alguna de las primeras grabaciones de Los Sabandeños, con dispares resultados. En cambio nos parece acertada las elección de Moliendo café (Hugo Blanco, Venezuela) y El cuarto de Tula (Sergio González, Cuba) que unen su innegable calidad a una comercialidad bien entendida.
A pesar de todo seguimos confiando en el modelo de septeto para nuestras parrandas (en La Palma los hay y muy buenos), así como en El Geito conejero, ya sea con ge o con jota.

Enlaces recomendados: Premios Cine