entre bastidores

La suerte de no ser Grecia

16.08.2013 | 02:00

El parlamento griego ha acordado un destrozo sin precedentes en la plantilla de las administraciones públicas. 15.000 despidos en año y medio, más 25.000 funcionarios que pasarán a una situación de "reserva" cobrando un 75% del sueldo y en perspectiva de liquidación. El hachazo obedece a las exigencias de la troika para desbloquear otro pago del rescate. La insaciable troika exige un adelgazamiento drástico de un estado en quiebra. Tomemos nota, porque exigencias similares nos hubieran llegado –o podrían llegar– si el estado español hubiera pedido –o llegara a pedir– el rescate total, como tuvo que hacer el griego.

Los rescates son préstamos que concede Europa a sus socios cuando ya nadie más les deja dinero, pero a cambio impone condiciones draconianas de saneamiento. Y entre ellas, una reducción drástica de los gastos de personal. Es lo mismo que se ha exigido a las entidades financieras españolas saneadas con dinero europeo: dietas salvajes para eliminar grasa sobrante. La grasa es el personal, a ver si nos entendemos. Como el Reino de España no ha tenido que suplicar a la troika para pagar la deuda –porque el BCE se puso a tono en el momento oportuno– nadie le ha mandado de verdad-verdad que ajuste la masa salarial a la realidad de la crisis. Si lo hubieran hecho, o si un día lo hicieran, padeceríamos.

Mientras en el sector privado disminuían a la vez el número de personas ocupadas y el salario medio del pueblo llano, en las administraciones públicas la masa salarial global crecía un 7,6% entre 2007 y 2012. Y esta cifra incluye el aplazamiento de una paga extra de 2012, que si se recupera hará subir el gasto del año correspondiente. De hecho, el gasto aumentó un 17% entre 2007 y 2009, entonces se estancó y no se ha empezado a bajar de verdad hasta 2012, con el citado truco de la paga extra. Los ayuntamientos son los únicos que en 2012 tenían menos personal que en 2007. Administración central y autonomías habían engordado en plenas vacas flacas.

Los asalariados públicos tienen suerte de que en España no mande la troika, a pesar de todo lo que se dice, porque si mandara como manda en Grecia, muchos de ellos estarían ahora mismo con la angustia pegada al cuello. No es exactamente lo mismo ver amenazadas las vacaciones o que el medio de vida. Pero España no ha pedido el rescate, a pesar de que periódicamente haya quien lo propone.

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