al azar

Cospedal apuñala a Rajoy

16.08.2013 | 02:00

María Dolores de Cospedal afrontó la legislatura con el objetivo único de desbancar a Soraya Sáenz de Santamaría. Sin embargo, los escándalos económicos personales y los disparatados simulacros indefinidos de la todavía secretaria general del PP han reforzado a la vicepresidenta. La titular de Castilla-La Mancha traduce los golpes encajados incluso en su deterioro físico. Dada su avidez, ya no está claro si quería suprimir a Bárcenas o suplantarlo. Acudió a la Audiencia con la certeza de que será la primera en caer, lo cual explica la revelación más morrocotuda de dos días de interrogatorio.

La contaminación directa de Cospedal a Arenas como pacificador de Bárcenas se inscribe en la desnuda hostilidad entre ambos. Involucrar a Rajoy en la negociación del suculento contrato póstumo de 200 mil euros, secretaria, coche, despacho y abogados supone un apuñalamiento en toda regla al presidente del Gobierno, que decidió colocarla al frente del partido un año antes de hacer efectiva la nominación, según me comentó el propio presidente.

La primera obligación de un político subordinado es cargar con las culpas de su jefe. Un psicólogo deberá determinar si Cospedal actuó movida por el rencor del ministerio incumplido o porque se siente desamparada en la actual fase del escándalo. Según Bárcenas, la secretaria general y Rajoy recibieron sendos sobres con 25.000 euros cada uno de manos del tesorero. Lo que el dinero ha unido sólo puede disolverlo una instrucción judicial.

Frente al fundamentalismo jurídico que se ha enseñoreado de la actualidad, Cascos, Arenas y Cospedal no tienen que decir la verdad como testigos, sino como responsables de un partido donde corrían los fajos de billetes. Sin embargo, son conscientes de que no sufrirán castigo alguno en su calidad y haberes de representantes públicos, contando con los precedentes de Ana Mato o Rajoy. Por tanto, sólo les preocupa sortear la responsabilidad penal. Si contaban toda la verdad, arriesgaban una imputación. Si mentían, seguían al albur de Bárcenas. Sus ropajes parlamentarios o presidenciales les protegen del juez Ruz.

En cuanto a la memoria histórica, el senador Arenas desconoce cuántos relojes Hamilton le han regalado en su vida. Cuando el abogado de Bárcenas le recuerda el obsequio de ese artefacto por parte del tesorero, responde que deberá consultarlo con su esposa. En la provinciana Dinamarca, este lapsus bastaría para apartarlo de la vida política. Aquí puede inflarlo hasta una desmemoria general, dados los años transcurridos. ¿Cuántas monturas de lujo hay que obsequiarle a una persona, para que confunda la identidad de sus donantes? Las personas que cobraban más de cien mil euros y han dejado de hacerlo se acuerdan perfectamente. Arenas y sus secuaces se muestran olvidadizos porque pretenden seguir percibiendo estas cifras mientras contagian el olvido a sus electores.

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