crónicas del club de los pingüinos

Despedida

14.08.2013 | 02:00

Con la publicación de la Crónica correspondiente al Invierno de 1999 se pone fin a la aparición de la serie de Crónicas que se inició el 2 de febrero de 2011 en las páginas de la edición canaria del periódico ABC y que, posteriormente, se continuó en este periódico de la opinión de tenerife. Si bien con algunos períodos de silencio, son casi dos años y medio haciendo comparecer ante mis lectores, muy a pesar suyo, a esos queridos compañeros en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife que nunca pensaron –ni yo tampoco– en alcanzar esa, por definición, efímera notoriedad. Pero, como comentario incidental de una conversación, surgió la oportunidad de invitar a los pacientes y comprensivos lectores (¡me consta!) a acompañarnos a aquellos almuerzos estacionales, que tanta satisfacción nos proporcionaron, para que participaran de tanta broma y alegría. Ahora que llegamos al momento de la despedida nos gusta pensar que tal cosa ocurrió y que existe una complicidad y hermanamiento cordial con el Club: después de todo, tenemos que reconocer que nos han venido acompañando desde el Verano de 1986 al Otoño de 1999, a lo largo de unos trece años.

Se preguntarán, tal vez, por la razón de que se terminaran las Crónicas. Puedo decirles que no fue una decisión meditada ni querida, sino la consecuencia de un hecho triste. Falleció inesperadamente uno de nuestros compañeros-pingüinos, Tomás Hernández González del Carmen: se sintió algo extraño un mediodía en su trabajo, en Santa Cruz; tomó su coche y regresó a su casa en El Sauzal; cuando llegó quiso acostarse un momento antes de almorzar; y allí se quedó. El pesar que nos produjo su muerte condicionó la propia existencia del Club. Si alguna vez después de su muerte aún llegamos a reunirnos, nos parecía que ya no era lo mismo. Con la muerte de Tomás el Club no llegó a entrar en el siglo XXI.

En estos años que han transcurrido desde entonces hemos perdido a otros compañeros muy queridos: Juán Fernández de Villalta y Carilla, Felipe Fumagallo Sánchez-Pinto e Ignacio Torrens González. Sin ellos, sin sus valiosas aportaciones, sin su compleja y rica personalidad, el Club ya no sería posible. Es mejor, entonces, recordarlo en aquellos momentos en los que se manifestaba con todo vigor su espíritu, y recordar, asimismo, una vez más, a tantos compañeros, actuales y pasados, del Ayuntamiento de Santa Cruz , cuyas vivencias compartíamos. Ya no queda entre los miembros que fueron del Club ninguno que siga en activo, pero, en ocasiones, tenemos algún encuentro con otros compañeros y siempre son muy agradables.

En fin, a veces pienso que tal vez fuera oportuno recoger estas Crónicas dispersas, como una recopilación, en un solo tomo, y publicarlas, como me sugiere algún amigo. Pero eso –como se decía antes– el tiempo lo dirá.

En esta despedida agradecida –a don Bernardo Sagastume, director de ABC en la edición canaria; a don Joaquín Catalán, director de la opinión de tenerife; a mis compañeros, a mis lectores– quiero destacar la oportunidad del poema de Arturo Maccanti que citaba en una muy reciente Crónica:

"... la vida es solamente pedazos de recuerdos y pedazos de sueños y pedazos de alegría...?.
Adiós.

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