tribuna abierta

La chica del Acnur

14.08.2013 | 02:00

Se llama Guaci(mara), pero podría tener un sinfín de nombres, tantos como campamentos de refugiados hay en el mundo. Me asaltó en una calle de La Laguna con una mochila y una carpeta en sus manos como armas de presentación, y esa mirada de curiosidad y ganas de cambiar el mundo.

Nacemos para trabajar, sometiéndonos al dictado de los relojes, sintiéndonos seguros en eso que se llama patria, como si alrededor hubiese un muro invisible que nos protegiese de todos los males que asechan ahí fuera. Nos rodeamos de banderas, la ropa con la que nos vestimos cada día porque es nuestra coraza que nos infunde valor, y pensamos que África es un buen lugar para experimentar con armamento biológico y farmacéutico, así como dar rienda suelta a la geopolítica.

Al sentarnos junto al televisor nos volvemos hipócritas, emocionados cuando vemos uno de esos campos de refugiados, pensando entonces que nadie te devuelve los días, meses y años perdidos cuando tienes que coger tus cosas, cargártelas al hombro y ponerte a caminar por una carretera huyendo, dejando atrás el trozo de terruño, la casa que te daba cobijo y un hijo enterrado en una cuneta sin una cruz de madera para que nadie lo identifique con el fin de que no se ensañen con el cuerpo.

¿A dónde vas cuando no tienes nada ni perteneces a ningún sitio? ¿Qué significa el tiempo en uno de esos campos cuando todo se limita a esperar que pase algo? ¿Qué valor tiene la hortaliza que cultivabas o comprabas en un mercado local ahora que vives de la caridad de otros países que rezan por ti?

En la página Web de esta ONG hay una pregunta que resume mi angustia: "Si tu familia tuviera un minuto para huir, ¿qué te llevarías?". Al lado consta el ejemplo de Magbola Alhadi y sus hijos, que se marcharon de su aldea, llevándose consigo una pequeña cacerola para poder cocinar en ella tras los doce días de camino que duró su huída, o el caso de Mahmud y su familia, que se llevaron un tarro con hojas de betel, porque no sabrían cuándo volverían a comer de nuevo.

Los campamentos de refugiados son en realidad campamentos de concentración. Así me lo expresó Guaci(mara), una auténtica vergüenza, un reducto temporal que queda supeditado a la posible solución de los conflictos que lo han originado. Pero ser refugiado no significa exclusivamente "vivir" en uno de esos campamentos, sino renunciar a tu vida normal producto de la violencia machista de otros, de las luchas de pandillas o de tu condición homosexual o lesbiana, entre otras muchas circunstancias.

Muchos critican que Acnur es un lavado de imagen de la ONU, ya que esta última no cumple su verdadero papel, creando la sensación de culpabilidad en la conciencia de la gente para que colabore realmente con aquella, que aparece justo en momentos como ese en que nos sentamos delante de la televisión o con sus impactantes campañas publicitarias. A su vez, se incide en que los países que integran la ONU han favorecido genocidios y desplazamientos de personas, lo cual es una contradicción en relación a los objetivos de esta organización que supuestamente vela por la paz mundial, y que Acnur recibe financiación de entidades bancarias que, a su vez, han obtenido dinero de manera ilegal.

Una vez más, me asaltan muchas dudas, pero en el fondo quienes salen perjudicados son todas esas personas que sufren, las que dependen de nuestra decisión para no seguir viviendo de la caridad. Guaci(mara) es solo otro peón en este complicado tablero de ajedrez.

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