la ciprea

Las homofobias

13.08.2013 | 02:00

De vez en cuando nos llega una noticia sobre algún hecho donde se muestra la homofobia en toda su crudeza. Hay casos que nos resultan escandalosos y, en ocasiones, aterradores. Las imágenes de un muchacho homosexual apaleado y torturado hasta la muerte en Rusia vuelven a abrirnos las heridas que en un corto espacio de tiempo parecía que empezaban a cerrarse. Y uno se pregunta cuál es la razón para tal exterminio; qué pasa por esas cabezas para que el odio a lo diferente, a lo que no es como uno cree que debe ser, se convierta en una bárbara, inhumana y cruel persecución parecida a otras tan presentes en nuestra memoria. Hay genocidios históricos en los que homosexuales, judíos, gitanos o comunistas han sido masacrados por los que piensan que sus creencias y consignas son las únicas y verdaderas. Siempre tropezamos con los mismos: bárbaros, ignorantes y desequilibrados que deciden limpiar la tierra de lo que ellos consideran un mal social simplemente porque el color de la piel, las ideologías o los gustos sexuales no coinciden con los suyos. Se escudan en banderas, mitologías y creencias para ajusticiar todo lo que se sale de su concepción de lo que es bueno y necesario. Siempre existirá el otro, lo otro, lo diferente a mi vida o mis creencias. Hay quien lo asume y tiene la cordura de aceptar lo distinto. Hay quien no lo asume porque su falta de inteligencia o su demencia o su pobreza moral se lo impide, y de ahí los comportamientos criminales de individuos, grupos o naciones; de ahí los innumerables genocidios que arrastramos en nuestras conciencias. Lo que no se entiende en pleno siglo XXI y después de haber vivido inquisiciones, holocaustos y crímenes de lesa humanidad, es que nos quedemos callados y miremos hacia otra parte. Lo que no se entiende es que los gobiernos silencien tales crímenes, se auto disculpen y se vayan por el foro o se estén horas y semanas hablando sobre el sexo de los ángeles, los goles de Ronaldo, el Peñón de Gibraltar o el Concierto de Aranjuez, mientras mueren criaturas inocentes bajo la tortura de cuatro energúmenos descerebrados que dicen perseguir a los homosexuales como si fueran de cacería y que eso suceda en un país que se proclama democrático donde se les encarcela y humilla y, por si no bastara, grupos de extrema derecha y pandillas de adolescentes neonazis andan sueltos por las calles masacrando a los que se declaran homosexuales y quieren libertad para expresar o ejercer libremente su sexualidad. Y todo ante la pasividad del gobierno y de su policía y del silencio cómplice de países, como España, que tienen la desfachatez de declararse contrarios a la homofobia.

Miembro del Consejo Editorial de la opinión de tenerife

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