tribuna abierta

Héroes

13.08.2013 | 02:00

Es asombrosa la facilidad con la que Estados Unidos fabrica héroes: "héroes americanos", como los llaman allí, tomando como siempre el todo (un continente inmenso) por la parte.

En cualquier catástrofe natural, en cualquier accidente o situación extrema, siempre hay alguien que saca fuerzas de flaqueza y lleva a cabo algo de lo que no sería capaz en circunstancias normales.

Ocurre allí como en todas partes, pero lo que sucede en ese país tiene siempre, gracias al poder de irradiación y al aparato propagandístico de sus medios, mucha mayor repercusión internacional.

Sin quitarles mérito a esas personas –por ejemplo, los bomberos que tan heroicamente actuaron en Nueva York tras los atentados terroristas del 11 de septiembre–, uno piensa que hay otro tipo de "héroe americano", que el Gobierno de aquel país, y también una gran parte de su ciudadanía, consideran, sin embargo, un traidor, un villano.

Me refiero por supuesto a jóvenes como el soldado Bradley Manning o el exanalista de la Agencia Nacional de Seguridad Edward Snowden: el primero, expuesto a una condena a perpetuidad en su país; el segundo, obligado a exiliarse en Rusia para no sufrir la misma suerte.

Ambos, y otros que han podido actuar como ellos, hacen honor a una tradición muy norteamericana, en el mejor sentido de la palabra, como es la del "whistleblower", el héroe, anónimo o no, que revela algo que, por constituir un delito, una violación de la constitución o cualquier otro tipo de atropello, se intentó que nunca saliera a la luz pública.

El gran lingüista y activista político Noam Chomsky, que ha defendido abiertamente tanto a Manning como a Snowden, califica de "acto heroico" el hecho de informar a la ciudadanía de lo que el Gobierno está haciendo en secreto y que no quiere por tanto que se sepa.

Es lo que ocurre, por ejemplo, con muchas de las medidas que se han tomado en Estados Unidos, pero también en Europa, con el argumento de la lucha antiterrorista.

Se nos dice, por ejemplo, que el espionaje sistemático a que, según hemos sabido por Snowden, Estados Unidos somete a la población mundial es por nuestra propia seguridad. Y de vez en cuando se anuncia que se han descubierto complots terroristas en alguna parte del mundo gracias a esas medidas. Por supuesto no se aportan pruebas porque sería dar munición al enemigo. Y se nos pide por tanto un acto de fe.

Pero los Gobiernos mienten tanto, como sabemos también por Manning, que resulta difícil que los creamos aun cuando puedan estar diciéndonos en algún caso la verdad.

Snowden y Manning son los verdaderos "héroes americanos", como lo fueron en su día quienes denunciaron los llamados "papeles del Pentágono", que ponían de relieve las mentidas del Gobierno de Washington en relación con la guerra del Vietnam.
Por desgracia no hay que esperar de un presidente como Barack Obama, que tantas esperanzas ha defraudado, un indulto para el pobre Manning o que deje de perseguir a Snowden.

En Estados Unidos, la Casa Blanca sólo ha indultado a gentes como el presidente Richard Nixon, por el Watergate, o a los conspiradores del caso Iran-Contras: el exministro de Defensa Caspar Weinberger, el asesor de seguridad Robert McFarlane o el secretario adjunto de Estado Elliott Abrams, entre otros altos funcionarios.

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