entre bastidores

Vergüenza y coraje

11.08.2013 | 02:00

Este gobierno tiene poca vergüenza pero mucho coraje. La desvergüenza en el Parlamento, el coraje con los sufridores de las colas en Gibraltar. Al presidente del gobierno se le oyó lo de "me equivoqué" (con Bárcenas) pero se echó de menos el "lo siento, no volverá a ocurrir" que Juan Carlos I puso como listón mínimo para la credibilidad de las disculpas. Menos que eso ya es nada. Pero jaleado por los suyos, por la claque parlamentaria y por la claque de las portadas militantes, el presidente atravesó la comparecencia como quien anda sobre las aguas, un par de palmos por encima, para no mojarse ni siquiera las palmas de los pies. Pero alguien, algún sociólogo de cabecera, debió de decirle que algunas almas pérfidas dudaban de sus argumentos y descalificaban sus excusas y, lo que es peor, algunos ciudadanos inconscientes les hacían caso. Que las encuestas así lo reflejaban. Y que la debilidad agónica de Rubalcaba no es sinónimo de triunfo propio cuando otros tiburones nadan en círculos alrededor. Se imponía una maniobra de evasión que modificase la agenda, como se dice ahora, y centrase la atención en algún escenario o acontecimiento que resultara terreno favorable. ¿Qué podía ser? ¡Desde luego: Ardor guerrero! La guerra de los bloques de hormigón (con pinchos, para más inri) era el mejor escenario soñado. Lástima que deviniera en agosto, aunque este año, con la crisis, estamos casi todos por aquí. Gibraltar había sembrado de obstáculos rompe-redes la zona donde pescan bajeles andaluces, en respuesta a otros agravios que a su vez etcétera, y eso no se podía consentir. Hubiera podido ser cualquier otra cosa. La ocasión la pintan calva y el presidente mandó al belicoso jefe de la diplomacia a anunciar el "fin del recreo". Albión es pérfida aunque la manden los herederos de la Thatcher. El gobierno valiente y atrevido iba a apretar los tornillos a esa gente. ¿Cómo? Imponiendo colas interminables en los controles de aduana, que sufren los gibraltareños pero también los andaluces que trabajan en el Peñón y los turistas que se podrían dejar unas libras al norte de la verja. Para presionar a Cameron se imponen sufrimientos a la gente de a pie de ambos lados: pues vaya estrategia. El resultado: Cameron llama a Rajoy y acto seguido anuncia a la prensa que Rajoy ha cedido. ¡Pues sí que están asustados!

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