tribuna abierta

Nunca pasa nada, hasta que sucede

11.08.2013 | 02:00

El pasado 8 de agosto se cumplió un año de la muerte de Carmen Muñoz Pérez, la guardia de la Policía Municipal de Madrid que fue tiroteada por los atracadores de una oficina de Correos, cuando ella y su compañero intentaban interceptar la furgoneta en la que huían. Al ir a bajarse del patrulla fueron alcanzados ambos, ella con peor suerte.

Carmen Muñoz tenía 62 años, formaba parte de las primeras mujeres que entraron en la Policía Municipal de Madrid en 1973. Era de la II Promoción Femenina y fue destinada al tráfico, destino obligado por aquel entonces. Las pioneras ingresaron en 1972 en Madrid –un año antes en Córdoba– y lo hicieron en promociones separadas de las de los hombres. Sus inicios fueron bien difíciles. Sufrieron restricciones jurídicas graves como el requisito de la soltería para ingresar y permanecer en el cuerpo hasta que los tribunales lo anularon a raíz de la expulsión de una de ellas por tal motivo. Era la España que recordamos de los nodos, donde ellas, las municipales, uniformadas con falda-pantalón, luchaban por hacerse respetar en medio de los Seat 600 y de unos ciudadanos que estaban comenzando a intuir una nueva etapa: la democracia. Tuve la ocasión de asistir junto con otras compañeras de la provincia de Tenerife al "40 aniversario de la incorporación de la mujer a la Policía Municipal de Madrid", donde se aprovechó para celebrar un encuentro nacional de mujeres policía, en marzo de 2011. Allí se las homenajeó y se debatió sobre el papel de la mujer en estos colectivos con mayoritaria presencia masculina y las perspectivas de futuro.

En Canarias el ingreso de la mujer a la policía local tardó algo más. En 1979 se produjo en San Bartolomé de Tirajana y, en la provincia occidental, fueron las de La Laguna las primeras en vestir el uniforme en 1981. Mediante moción institucional unánime fue reconocido en un acto celebrado en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de La Laguna, presidido por su regidor, Fernando Clavijo Batlle, el 4 de mayo de 2011. Se puede sostener que actualmente no existe discriminación en la prestación de servicios y que se ha mejorado bastante desde entonces.

Sin embargo, a muchas nos impactó que Carmen Muñoz con 62 años aún estuviese prestando servicio de seguridad ciudadana en la calle y, además, en un distrito con altos índices de delincuencia. Ya llevaba casi cuarenta años de servicio, que se dice fácil. No basta con decir que "ella siempre quiso estar en la calle". Eso la honra como policía y como mujer trabajadora pero no es coherente que así fuera, a todas nos chirría.

Ello conduce a la reflexión sobre el inadecuado tratamiento que tiene la jubilación en el ámbito de la Policía Local. Muy diferente con respecto al de los cuerpos del Estado. Y de igual modo otra cuestión, y no menos importante, la preparación y el reciclaje continuo con que debe contar todo agente local. Ninguna resuelta satisfactoriamente hasta ahora. Los cuerpos locales o municipales (así ha seguido denominándose en Madrid con mucho acierto) están desempeñando una gran labor en materia de seguridad ciudadana, tanto en grandes núcleos urbanos como en pequeñas localidades, función a la que parecen estar cada día abocados por demanda de la ciudadanía y por la insuficiencia de recursos de otros cuerpos. Pero esa función debe ser correspondida con una formación que les permita estar actualizados en las nuevas formas de la delincuencia y con una consideración jurídica en atención a la edad y a las funciones de prevención de la delincuencia que desarrolla. Porque nunca pasa nada, hasta que sucede.

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