crónicas galantes

Nos faltan garajes

11.08.2013 | 02:00

Lamentamos, no sin razón, lo mucho que ha bajado con la crisis la venta de automóviles; pero lo que en realidad necesitamos son garajes. Allá por el rancho grande de Norteamérica, un garaje suele servir de vivero a las empresas, es fuente de innovación tecnológica y propicia el desarrollo del país; mientras que un coche no es más que un coche.

Fue precisamente una cochera el lugar en el que Steve Wozniak y Steve Jobs encontraron inspiración para crear la marca "Apple", que todavía hoy constituye la principal alternativa a la gigantesca "Microsoft" de Bill Gates. Sobra decir que Gates y su socio Paul Allen montaron también su negocio –tirando a monopolio– en un garaje propiedad de los padres de Allen.

La tradición continuó con los creadores de "Google", dos jóvenes entonces veinteañeros que por razones de ahorro establecieron la primera sede de la empresa en el garaje de su amiga –y hoy ejecutiva– Susan Wojcicki. En ese modesto espacio, el americano nacido en Moscú Sergey Brin y el yanqui de pata negra Larry Page idearon la utilísima herramienta que les ha deparado una fortuna cifrada en muchos cientos de millones de dólares.

Brin y Page, feliz tándem de talentos de las dos antiguas superpotencias –URSS y USA– consiguieron mucho más que un montón de billetes de banco. Más importante que eso es el dominio del mercado del conocimiento alcanzado por la pareja de precoces empresarios gracias al sistema de algoritmos que idearon en la cochera.

Los casos de Google, Apple y Microsoft –a los que habría que añadir aún el de Youtube– son solo la parte más visible de una vasta corriente industrial que ha dado origen a la denominación "empresas de garaje".

Economistas y sociólogos se afanan todavía en desentrañar la razón por la que buena parte de las firmas de alta tecnología que proporcionan a Estados Unidos su preeminencia en el mundo se han criado al calor de los garajes, mayormente de California. Para ser más exactos, en un lugar de nombre tan español como el Valle de Santa Clara, al sur de la bahía de San Francisco rebautizada con el nombre de Silicon Valley.

Circunstancias así tienden a darse, por obvios motivos, en un país tan devoto del automóvil como Norteamérica. Cae de cajón que, para tener un garaje en el que montar empresas hay que disponer previamente de un coche que justifique y amortice el gasto de la cochera. Más aún que eso, el garaje privado –en uno comunal resultaría imposible crear Google o cualquier otra cosa– exige la posesión de uno de esos chalecitos en los que, a juzgar por las películas de la tele, suele vivir la ancha clase media americana.

Este asunto de los garajes puede parecer una anécdota, pero acaso explique la escasa competencia que Europa en general y España en particular oponen a Estados Unidos en materia de innovación científica y tecnológica. La España que hace poco más de medio siglo era un país de base esencialmente rural ha cambiado en un santiamén las viejas casas unifamiliares por colmenas de pisos que hacen del todo imposible el disfrute de un garaje propio en el que dar suelta a la inventiva.

A falta de cocheras en las que los jóvenes de aquí puedan dedicarse a la creación de empresas "high-tech", parece lógico que este siga siendo el unamuniano país del "¡Que inventen ellos!". Más que coches, lo que nos hace falta son garajes.

Enlaces recomendados: Premios Cine