tribuna abierta

Por el camino que vamos...

11.08.2013 | 02:00

Por el camino que vamos, o pretenden llevarnos algunos a quienes ni siquiera hemos elegido, no sé dónde ni cómo vamos a acabar.
Ill fares the land ("Mal va el país"), se titulaba en el inglés original un libro que es casi como el testamento –amargo testamento– del pensador británico Tony Judt, y el título parece apropiarse al país de nuestros pecados.

Que me perdone el lector estas melancólicas reflexiones al hilo de las provocadoras recomendaciones que nos acaba de hacer desde Bruselas un comisario con aire de pesado burócrata que parece no querer entender nada de lo que nos pasa.

Cuando aquí no se ha hecho otra cosa desde que empezó la crisis que bajar sueldos, recortar prestaciones y precarizar el empleo, sin que nada de eso haya servido, como ya advertían algunos, más que para aumentar el paro, disminuir el consumo y ahondar la recesión, al comisario finlandés de Economía no se le ocurre otra cosa que proponer una nueva bajada general salarial del 10 por ciento. ¿Para dinamizar la economía?

Y nos advierte de paso de que quienes no acepten su recomendación, tendrá sobre su conciencia "el coste social y humano" del cada vez más insoportable desempleo.

Ni cortos ni perezosos, nuestros empresarios de la CEOE también tienen su remedio para el mal que nos aqueja: que se les permita, proponen, convertir en contratos a tiempo parcial los de jornada completa ya firmados.

Jornadas laborales, pues, a medida de las necesidades del patrón. Y que el trabajador y su familia se las arreglen después como puedan.
Ya que no podemos devaluar la moneda, devaluemos los salarios. Porque hay que competir con Marruecos y con China.

Y mientras tanto, suprimamos también becas, recortemos los presupuestos dedicados a investigación y desarrollo. Dejemos que se vayan nuestros científicos y nuestros técnicos para que se aprovechen otros de nuestro talento. El Gobierno, que hace todo eso impelido, dice, por las circunstancias, lo llama "movilidad exterior".

Y en el futuro, ¡que inventen ellos!, como clamaba nuestro castizo Unamuno, dudando de nuestra capacidad para la ciencia y prefiriéndole el espíritu místico en cambio nos atribuía.

¿Para qué queremos industria si otros producirán más barato? Nosotros seguiremos construyendo hoteles en la costa y campos de golf aunque no llueva porque lo nuestro es el turismo.

Eso sí, enseñaremos inglés y algún otro idioma a nuestros jóvenes para que quienes nos visiten puedan hacerse entender sin el mínimo esfuerzo.

Y se crearán así nuevos puestos de camarero, de caddies, e incluso de ciclistas de rickshaw para transportar a los turistas, muchos de ellos de las nuevas clases medias de los países emergentes.

Y quienes no sirvan para ninguno de esos oficios podrán siempre ir a la Puerta del Sol madrileña o a cualquier Plaza Mayor a disfrazarse de Pato Donald, de Mickey Mouse o de torero. Y se convertirán en autónomos.

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