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Enseñanzas para nada

10.08.2013 | 02:00

Una universidad que se dice católica y tiene su sede en Murcia, la que responde al acrónimo de UCAM, imparte un máster de Ingeniería de Caminos Canales y Puertos que, según sostiene en su propia página web, responde a la necesidad de formar un profesional altamente cualificado con una formación amplia y generalizada. De cara a satisfacer tales necesidades, la UCAM pretende dotar al aspirante a la maestría en Caminos de las competencias necesarias para ejercer la profesión y apunta un ramillete de salidas laborales a su alcance que van desde las administraciones públicas a la docencia e investigación (la página pone todo eso en mayúsculas), pasando por la consultoría, las empresas constructoras, las de transportes, las de agua y energía y las de gestión de servicios. Un verdadero chollo en momentos de tanto paro. Por añadidura, la UCAM saca pecho y presume de haber logrado las bendiciones de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) para la puesta en marcha del máster. Pero como se ha publicado en la prensa, el seguimiento hecho por la ANECA de la forma como la teoría del plan de estudios se traslada a la práctica de las clases impartidas ha llevado a que, por dos veces, se haya emitido un informe negativo con palabras tan duras como las que ponían de manifiesto, en el primer suspenso, que el máster de la UCAM se imparte en laboratorios rudimentarios, por profesores a tiempo parcial y con uno sólo de ellos con el doctorado en ingeniería civil.

Un informe demoledor no basta para cerrar las enseñanzas que no sirven para lo que proclaman. Dos, tampoco. Tiene que ser el gobierno autónomo, que es el que cuenta con las competencias transferidas de los estudios universitarios, quien lo haga. Pues bien, ni la comunidad de Murcia parece decidirse a desmontar el máster de castillos en el aire, ni la UCAM deja por el momento de impartirlo. Con lo que cabe esperar que los ingenieros con semejante título en el bolsillo se encuentran arrojados a un mercado laboral tan restringido como exigente con el sambenito de haber seguido estudios basura.

El episodio muestra hasta qué punto hemos perdido el norte en este reino dejado de la mano de dios por lo que hace, en este caso, a la educación. Las transferencias a las comunidades autónomas han sido materia de chiste pero el café para todos de las universidades privadas, por más que se disfracen bajo nombres rimbombantes, añade claves que deberían preocupar mucho no ya al Gobierno español, que no se preocupa ante nada, sino a los padres que pagan fortunas por esos estudios. ¿Quién será el culpable cuando a un ingeniero con máster inservible le cierren las puertas? Tendremos la respuesta en breve, cuando las universidades católicas, protestantes o budistas de turno copen las enseñanzas hasta ahora públicas que andan en quiebra por culpa de los recortes.

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