las cuentas de la vida

Cuestión de tiempo

10.08.2013 | 02:00

España tensa ligeramente la cuerda en Gibraltar, mientras el Gobierno catalán aprueba la protección del claustro de Palamós y la Familia Real veranea, como es habitual, en Mallorca. Durante el mes de agosto escasean las noticias, entre el calor húmedo y el descanso estival. Sin embargo, desde Washington nos llega una advertencia del futuro más inmediato: la adquisición del Washington Post por parte de la librería Amazon. Hablo de futuro inmediato, porque seguramente no tengamos que esperar mucho más allá de un lustro o dos para constatar la fortaleza de este proceso de concentración en manos de unos pocos gigantes de la tecnología. Multinacionales como Google, Yahoo, Apple, Facebook o Amazon cuentan con ingentes recursos financieros –miles de millones de dólares–, tienen que ponerlos en movimiento y, sobre todo, necesitan dotar de contenido a sus productos. Hace unos meses, un alto ejecutivo financiero español alertaba del riesgo de un enfrentamiento global entre la banca tradicional y las grandes corporaciones tecnológicas, si estas se decidieran a abrir sus propios bancos. ¿Un iBank? ¿Por qué no, si ya se habla de prototipos de coche Apple, un modelo de televisor Apple o relojes ídem? ¿Por qué no, entonces, un Google Bank o un Amazon Bank? No parece tan descabellado sino cuestión de tiempo, según se acreciente el arsenal estadístico acumulado por estas empresas, consecuencia de la enorme cantidad de información con la que trabajan.

De las Google Glass al Kindle, la relectura de la realidad se establece desde los canales de las nuevas tecnologías. Compramos la música en iTunes y nos la descargamos a un iPod o a una "nube" en la que también se almacena un sinfín de contenidos, públicos y privados: las fotografías íntimas, la contabilidad empresarial, las redes sociales de amigos, los power point de trabajo, las lecturas, los juegos... Amazon y Apple han coqueteado a menudo con la posibilidad de convertirse en editores de libros, además de distribuidores. Es algo que con el tiempo se andará, aunque ignoro si lanzarán sus propios sellos editoriales o, como acaba de hacer ahora Amazon, van a adquirir marcas de prestigio a precio de saldo. No creo que nada ni nadie se salve de este proceso de concentración: ni los libros de texto, las agencias de viaje, los modelos de educación tradicional, la sanidad, los seguros, la banca ni, por supuesto, la prensa.

Muchos de estos efectos los hemos percibido en los últimos diez años, otros muchos llegarán a lo largo de la próxima década y otros todavía más adelante. ¿Qué ganaremos con el cambio? Supongo que facilidad de acceso a un enorme caudal de información global. ¿Qué perdemos? Un tejido social único, esa riqueza de usos y de costumbres que anima nuestras calles: las pequeñas tiendas, las librerías de barrio, el trato directo, personal, con las aseguradoras o los bancos, con la agencia de viaje en la esquina de casa –básicamente, la cercanía–. Y también la diversidad, cada vez más amenazada, por los intereses de unas pocas corporaciones. Así, la compra del Washington Post no es una buena noticia a largo plazo: ni para la independencia ni para la pluralidad ni como previsión de futuro. Hace tiempo que hemos entrado en una época nueva, en la que rigen reglas, costumbres y formas distintas. Y me temo que sólo mejores en apariencia.

Enlaces recomendados: Premios Cine