tribuna abierta

Gibraltar again...

08.08.2013 | 02:00

La gran chapuza de incluir a un pederasta entre los 48 indultos de presos españoles en Marruecos ha desvirtuado el gesto de Mohamed VI con Juan Carlos I. La represión policial de las muy infrecuentes protestas callejeras en Rabat y el escándalo en los dos países neutralizan la medida de gracia que daba forma a la restauración de una amistad conveniente. A saber el gafe o la mala sombra que amargan la política exterior española, si no se trata de torpeza pura y dura. El ministro Margallo es de lengua ligera y, además, hace suyos los tics del PP en desahogos patrióticos como los que, en tiempos de Aznar y Trillo, desencadenaron un jocoso ardor sobre la isla de Perejil. Y estamos ahora en los preámbulos del enésimo contencioso sobre Gibraltar, que, apenas iniciado, motiva en Londres la advertencia de recurrir a "todas las medidas necesarias" para salvaguardar la soberanía británica en el Peñón. "Todas las medidas" son muchas medidas y aconsejan, por lo menos, el sosiego. ¿Seguirá Margallo adelante, o reculará? Ambas alternativas parecen malas después de meterse en el jardín y excitar reflejos patrióticos que no van a conformarse con otro ridículo. Y escudarse en los presuntos errores del socialista Moratinos es una sandez si no hay garantía de rectificarlos y evitar un remedio peor que la enfermedad.

La recurrente sensibilización sobre el asunto Gibraltar siempre ha sido resbaladiza. Claro está que los bloques de hormigón en el caladero algecireño suponen una provocación añadida al abuso de los tráficos ilegales en suelo español, pero a esas maldades se responde con otras sin dar tanto gusto a la lengua con amenazas de cierre del espacio aéreo, módicos peajes de 50 euros para entrar o salir de la colonia, e invocaciones a los antepasados de Moratinos, a quien por cierto, no le tiraron bloques de hormigón para masacrar la pesca.
¿A qué huele todo esto, si no es al ritornello´del "Gibraltar español" exclamado hace meses por el locuaz ministro de Exteriores? Antes de que Mohamed VI vuelva a preguntar qué hay de lo suyo en Ceuta y Melilla, no sobra recordar a Margallo que, tres siglos después, ya estamos hasta el gorro de escuchar lo de Gibraltar sin un programa de reintegración del territorio lo bastante nuevo, serio y profundo como para desechar otra manipulación emotiva y oportunista. Es curioso que la política exterior de este gobierno, tan sumisa en Europa como intransigente y depredadora en su aplicación interior, invierta ahora los términos para cantar las cuarenta a un estado europeo que no ha tardado en coger el guante. Margallo acabó disculpándose con Bolivia por el episodio Evo Morales, pero ya fue inútil: España sigue en la lista negra de los países izquierdistas de Sudamérica. A ver cuanto tarda ahora la disculpa -tácita o explícita- de las vocingleras amenazas a una colonia británica que, por esa vía, nunca volverá a ser territorio español. ¿Qué persiguen jugando una vez más al despiste?

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