con otra cara

Esposados

08.08.2013 | 02:00

Si hay que hacer caso a las encuestas, muchos, y sobre todo, muchas de las que están leyendo ahora este periódico, tendrán previsto, si no lo han hecho ya, dedicar parte de su verano a seguir las andanzas de Christian Grey, ese adonis millonario que convence a una chavala para que se arraste cual culebra de monte en todo tipo de juegos sexuales sadomasoquistas. ¿Que no lo piensan leer porque les han dicho que son novelas muy malas? ¿Qué dicen? ¿Y ser las únicas que se queden sin saber lo que se siente recibiendo latigazos? Eso sí, para cargarse la trilogía entera hay que ser más masoca que la protagonista. Yo, con el primer libro he tenido más que suficiente sufrimiento, pero hay gustos para todo, y si no, sólo hay que ver los efectos secundarios de la saga, hasta el punto de que hay quien asegura que los libros han cambiado las costumbres sexuales de las españolas y acabado con la tradicional postura del misionero.
Ahora, por lo visto, lo que queremos es que nos aten, que nos humillen y que nos den cachetes, controlados eso sí, hasta el punto de que los bomberos ingleses aseguran que se han disparado las llamadas de personas que se han quedado esposadas a la cama y de hombres con anillos atascados en el pene. Incluso atendieron a uno con sus atributos atrapados en una tostadora, una imagen que, reconozco, me tiene más confusa y perturbada que las quinientas páginas que soporté de las 500 Sombras de Grey. Si este tipo de publicaciones sirven para eliminar tabúes sexuales, bienvenidos sean, aunque tengo mis dudas de que el camino para dejar de hacerlo con la luz apagada y él encima sea dejar que te curre y te ate como a un perro, pero, oye, cada uno en su cama es libre de hacer lo que quiera.

El éxito de estos libros ha sido tal que incluso un listo ha lanzado una línea de lencería inspirada en la obra de E. L. James con frases bordadas del tipo "tú eres mía" y por lo visto, en las tiendas eróticas se están hinchando a vender esposas y fustas para emular las escenas más tórridas de la trilogía. Con la experiencia que me da haber leído uno de los libros, me permito eso sí, darles un par de consejos: Es fundamental dejar siempre a mano la llave de las esposas para evitar el bochorno de ser asistida por un bombero, por muy morboso que resulte. Tampoco se tomen al pie de la letra lo de que se trata de porno para mamás, como promocionaban en su lanzamiento. Si sus madres son como la mía, mejor regalarles un frasco de colonia. Y por último, que al menos la mitad de las veces en que se quiera emular a Grey, sean ellos los que reciban esos "estimulantes" azotes en el culo. A ver si les ponen.

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