tribuna abierta

La falsa inocencia de Rajoy

07.08.2013 | 02:00

La Administración ya no sabe como esquilmar al ciudadano y ahora se dedica a tratarlo como un defraudador de impuestos cuando declara la compra de un inmueble por lo que le costó, pero por un importe que no coincide con el que Hacienda estima como objetivo. Tras años cantando las excelencias del mercado, ahora resulta que el precio de un piso en un mercado a la baja no es el que es, sino el que la Administración caprichosamente dictamina conforme a una fórmula matemática. El resultado es no sólo que debes tributar por un valor superior al precio abonado, sino que te ves penalizado con intereses de demora desde el día en que compraste el inmueble, ni siquiera desde el día en que te comunica Hacienda el valor que para ella tiene el inmueble.

Viene esto a cuento, porque a la vez que se trata al ciudadano como un presunto defraudador por el simple hecho de ajustarse a la realidad del mercado y no a la inventada por Hacienda, los gobernantes cuidan con extraordinario esmero su posición política. Se amparan en la presunción de inocencia para cercenar la información, impedir comisiones de investigación y negar cualquier tipo de responsabilidad. Despachan las dudas de la opinión pública con juegos malabares, como "cometí el error de creer a un falso inocente, pero no el delito de encubrir a un presunto culpable". Que un ciudadano le diga esto a Hacienda o a un juez, a ver si da por saldada su deuda. Por el contrario, el gobernante da por cumplida su responsabilidad con el susurro de un "Me equivoqué. Lo lamento, pero fue así".

Estamos asistiendo al descalabro de la democracia y nadie le pone remedio. El ciudadano cada vez se ve más indefenso ante el poder, sea público o privado, y el recurso a la justicia se cierra ante unas tasas exorbitantes. Mientras, el poder continúa endureciendo su coraza e inmunidad a base de una mayor opacidad y de un control indirecto del poder judicial y del Tribunal Constitucional. Hay que decirlo alto y claro, en el ámbito político el gobernante carece de presunción de inocencia. Es un "falso inocente", no en el sentido que le atribuye Rajoy a su amigo Bárcenas para distanciarse de él, sino como condición existencial de quien, al representar a los ciudadanos y gestionar fondos públicos, debe estar en condiciones de explicar y justificar en todo momento su actividad y demostrar su inocencia. El Estado democrático de derecho exige una ley de transparencia para impedir la opacidad del poder y también unos comportamientos políticos que contribuyan a esa transparencia. En el asunto Bárcenas, que es de una extrema gravedad, porque es la financiación irregular de un partido trufada de uso ilícito del poder público en beneficio del partido, Rajoy es un inocente más falso que los brotes verdes de nuestra economía. Nadie pone en duda su honradez personal, pero sí su honradez política. En ningún momento ha sabido demostrar su inocencia en todo este asunto y, por el contrario, se ha mostrado falsario, por omisión, al eludir a los medios y al control parlamentario, y por acción negando su relación y apoyo a Bárcenas no sólo cuando se publicaron sus apuntes contables, sino también cuando se conocieron sus cuentas en Suiza.

Enlaces recomendados: Premios Cine