inventario de perplejidades

La casa de las citas

07.08.2013 | 02:00

En el pleno extraordinario sobre el llamado caso Bárcenas, la inmensa mayoría de los grupos políticos convirtieron el debate en la sede de la soberanía nacional ("la casa de todos", dicen los cursis) en una auténtica casa de las citas. El que más extensamente lo hizo fue el presidente del Gobierno, que utilizó abundantes citas del señor Pérez Rubalcaba (sin descubrir de quién eran durante un buen trecho del discurso) para adobar con ellas su argumentación. Un recurso retórico barato pero efectista que sus diputados agradecieron con repetidas ovaciones. Y tanta afición le cogió el señor Rajoy a las citas que hasta hizo una de Bertolt Brecht, un intelectual de izquierdas, para adornarse al final de la faena. El colmo del descaro. Usar citas del adversario político, sacándolas de contexto, es un truco parlamentario muy viejo que no aclara nada, y solo sirve para marear la perdiz, aparte de confirmar, una vez más, que en la política garbancera casi todo es mercancía de ida y vuelta. El discurso exculpatorio de Rajoy, trufado cada poco con una cita de Rubalcaba (este debería cobrarle derechos de autor), versó sobre la supuesta existencia de una conspiración contra el PP que se remonta nada menos que a una época en la que coincidieron en una cacería el exjuez Garzón y el exministro de Justicia de un gobierno socialista, el fiscal Fernández Bermejo. Por lo demás, no aclaró nada, descargó culpas hacia todos los lados, negó la existencia de una contabilidad B en su partido, rechazó haber cobrado sobresueldos en dinero negro y solo reconoció una culpa: haber confiado en Bárcenas. Un exceso de confianza que atribuyó a un carácter de natural bondadoso para con sus más cercanos colaboradores. Una conducta que mantuvo durante toda su vida política y que está dispuesto a seguir manteniendo pese a que le dé algún que otro disgusto. "¡Qué le vamos a hacer, yo soy así!", suspiró. Por último, rogó encarecidamente a la oposición que no enfangue el buen nombre de España ante los mercados que nos están observando con sus desaforadas e injustas denuncias sobre la corrupción del partido que preside. La bancada popular, mecida en su mayoría absoluta, lo ovacionó insistentemente y al final de su intervención le dedicó un larguísimo aplauso que él agradeció como suele, con ademanes de pianista al término de un concierto exitoso: de pie e inclinando respetuosamente la cabeza hacia un público entregado. Pero las citas no se acabaron con Rajoy. El líder de la oposición, señor Pérez Rubalcaba, también hizo las suyas aunque las más aviesas se centraron en el recordatorio de los elogios que hizo Rajoy sobre la inocencia y sobre la honorabilidad de Bárcenas, además de la lectura de los mensajes telefónicos en los que le pedía fortaleza para aguantar el tirón judicial al tiempo que le prometía apoyo. Las explicaciones de Rubalcaba dando detalles sobre la forma en que se financió el PP impresionaron bastante a los principales dirigentes de ese partido. Al menos eso es lo que fue perceptible en las imágenes de la televisión. Mientras seguía el debate me preguntaba si Bárcenas no estaría haciendo lo propio desde la cárcel sin dejar de ordenar sus papeles.

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