El vuelo de la pardela

´El Señor de los Anillos´

05.08.2013 | 02:00

Si nos fijamos bien, analizamos lo que sucedió en el Senado y razonamos la mayoría de palabras que salieron sin vergüenza y se apoderaron de la sala, eran: Palabras vanas. Palabras desafiantes, pero sobre todo palabras que infectan aun más la llaga abierta en la sociedad actual. Ellas, acompañadas de prepotencia, salían de la boca del presidente del gobierno y lo dejaron en el más completo ridículo. Esto sucede cuando el que comunica no ha escrito, no ha repasado, no siente y sobre todo, no sabe, lo que lee. Gestos, risas, aplausos... Miradas cómplices del momento. Aparte de todo eso, la visión de lo que estaba notando en ese instante, formaron un recuerdo en mí. Una imagen, una película, una historia: El Señor de los Anillos. El señor oscuro de Mordor. La tierra media hacia el final de la tercera edad. Así estaremos nosotros al final de este desastre que no tiene fin. Mientras, la comunidad del anillo (el poder por el que todos pelean, el control de las masas) lucha por devolver y mantener el orden, dentro del desorden, organizado por el lado oscuro. Esta historia tendrá que terminar algún día (eso espero) y regresar o establecer la luz blanca (Si Endesa lo permite) Pero dejando atrás esta lamentable actuación y regresando a Canarias ahora más que nunca debemos unirnos, porque queda claro que volvemos a estar azotados por el cruel invasor.
¿Qué vamos a solucionar nosotros, con solo ese escaso 1, 2% que nos dejan para endeudarnos, frente al casi 2% que necesitábamos para salir adelante? Las aguas se vuelven turbias, muy turbias para las islas y eso que todavía no han sacado petróleo... Es hora de sentarse, de dialogar, de buscar soluciones para nuestra tierra, porque está claro que solo nos dan una miseria, comparada a todo el dinero que entra con la visita de millones de turistas al año. No podemos estar siempre esperando las migajas que nos dan. No podemos, ni debemos, permitir que nos traten así. Tenemos la fuerza del volcán en nuestro interior. Nuestra sangre, la que corre por nuestras venas, es como la del drago, milenaria, y por tanto cura. Utilicémosla para sanar esta tierra y para sanarnos a nosotros mismos. Apoyados del alisio, nuestro viento, que nos comunica con un silbido de isla a isla. El mar y la sal curten nuestros pensamientos de libertad. Todo nos ayuda para emprender un nuevo camino, para alzar la voz, por nosotros, por nuestra tierra y por nuestros hijos. (Fin de la cita).

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