Fin de siglo

Otro lío

05.08.2013 | 02:00

En mi casa se empleaba mucho la expresión "juez y parte", que yo no entendía, claro, como la mayoría de las cosas que venían de fuera (de las de dentro, no entendía ninguna). Juez y parte, no se puede ser juez y parte, decían. Pensé que "parte" era una profesión incompatible con la de juez, al modo en que tampoco se puede ser policía y asesino. O una cosa u otra. Ahora, a la vista de lo que vamos averiguando de Pérez de los Cobos, presidente del Tribunal Constitucional, resulta que sí, que "parte" en cierto modo es una profesión. De hecho, el magistrado lleva viviendo varios años de ser parte del PP. Digamos que la militancia le ha producido pingües beneficios, signifique lo que signifique pingüe. Tales son las ventajas de ser parte de algo, de tener un grupo de pertenencia, que diría un psicólogo. El último de los pingües beneficios obtenidos por Pérez de los Cobos ha sido precisamente su ascenso al Tribunal que ha de decidir sobre si esto o lo otro se ajusta o no a la Constitución, también llamada, creo, ley de leyes. Pérez de los Cobos ha logrado en fin ser juez y parte, un acto que mi familia consideraría heroico, pues ya digo que se pasaban la vida diciendo que no. O eras una cosa o eras otra porque ambas no cabían en el mismo individuo o el mismo individuo no cabía en las dos. Si mi padre levantara esta misma tarde la cabeza, lo primero que le diría, para fastidiar, es que conozco a un señor que ha logrado ser juez y parte. No nos llevábamos muy bien. El problema de ser partidario de aquello sobre lo que uno ha de tomar decisiones es que tarde o temprano se le ve el plumero, por larga y amplia que sea la toga o la sotana. Y es lo que le ha pasado a Pérez de los Cobos, que se le hemos visto, el plumero, ya que ha tomado decisiones en función de su militancia política, dejando un lado la imparcialidad ciega que se le supone a la Justicia. Además de eso, bien por acción, bien por omisión, ha mentido sobre su militancia, ha ocultado datos, y ha publicado un pequeño libro de aforismos que no estuvo en ninguna mesa de novedades porque despedía un hedor insoportable. Significa que las recusaciones están servidas y que estamos metidos en otro lío político (o judicial, no sé, puesto que se han borrado las fronteras) sin haber salido de ninguno de los anteriores.

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