Ritos de paso

El silencio cómplice

02.08.2013 | 00:03

Ayer es probable que el presidente del Gobierno de España hablara en el Senado ante los diputados. Es probable incluso que se entendiera a sí mismo y que estuviera a gusto con sus explicaciones. Escribo antes de que se produzca tan magno acontecimiento, pero soy incapaz de imaginarme que haya ocurrido nada, como a él le gusta decir, que no pueda ser calificado como normal, para la gente normal. Ese término, en el peculiar diccionario del marianismo, es sinónimo de idiota, cuando menos. Porque el gobierno que preside Rajoy considera que todos los ciudadanos de este país lo somos o, lo que es lo mismo, merecemos ser tratados como tales. Como ejemplo, el silencio presidencial en el caso "Bárcenas." Como metáfora triste y siniestra, la actuación de los responsables del ministerio de Fomento después del accidente ferroviario de Santiago.
Nada supera en dramatismo a los muertos y a sus familias, a los heridos y a sus familias. Pero tampoco nada supera en cinismo al silencio ante los medios de comunicación de la ministra Ana Pastor y su equipo hasta la fecha. Hablar no es lo mismo que declarar y responder a cuantas preguntas sean necesarias. Nadie les ha pedido que conozcan al segundo las causas de la catástrofe, pero sí que den la cara contándonos, que lo pueden hacer, les sobra información, las características de la línea, del tren, de los sistemas de señalización, etc. etc. De todo lo mucho que se puede comunicar sin interferir en ese maravilloso pretexto de la investigación en marcha. Eso sí, a todos los responsables políticos se les ha llenado la boca con elogios a los profesionales y no profesionales que han participado en el rescate: los profesionales de la sanidad pública que se quiere desmantelar y a los que se les recorta el sueldo, los policías y guardias civiles, los bomberos, los expertos en protección civil... todos los funcionarios que llevan más de un año y medio masacrados por un gobierno que no cree en lo público porque trabaja para favorecer intereses privados.

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