Sólo será un minuto

En fuga

31.07.2013 | 23:52

Era el día más feliz de su vida. ¿Por qué tenía tanto miedo entonces? ¿Por qué se pasó toda la noche dando vueltas en la cama? Y no era por nervios. Verónica era una mujer tranquila. Ya de niña llamaba la atención porque nunca perdía la calma. Una vez se clavó una astilla en una pierna y mientras sus amigas chillaban al verla sangrar, ella ni se inmutó. Tampoco lo hizo cuando Rubén le comunicó vía SMS que quería tomarse un tiempo para pensar en su relación. Tómate la vida entera, respondió ella, y luego borró su número. La oscuridad nunca le causó problemas, y tampoco volar o cambiar de colegio o meterse en calles peligrosas para fotografiar un edificio en ruinas. Y, sin embargo, anoche no pudo dormir porque una extraña sensación de desamparo e inquietud formaba un agujero negro dentro de ella. Pasar la noche en vela cuando te vas a casar no es bueno para presentar un buen aspecto, pero Verónica sabía muchos trucos para arreglar situaciones así y cuando llegaron sus amigas a ayudarla ya tenía el rostro en plena forma. Sólo su amiga Marta, que tenía un inquietante sexto sentido para detectar anomalías ajenas, se dio cuenta de que algo no iba bien tras esa sonrisa permanente. ¿Por qué sonríes tanto?, le preguntó en voz baja. Verónica congeló su sonrisa pero no respondió. Cuando llegó al altar y se colocó junto a Tomás, el agujero negro volvió a abrirse. Miró a su futuro marido y no lo reconoció. Era un extraño que la adoraba con la mirada. Sus dedos se aflojaron y el ramo de flores cayó al suelo. No puedo, susurró, no puedo. Dio media vuelta y huyó perseguida por un rumor de voces perplejas. Tomás se agachó lentamente y recogió el ramo. Lo miró como si fuera a hablarle pero a quien habló fue a los invitados, revueltos por la conmoción. ¿Alguna de las presentes quiere casarse conmigo?, preguntó con una sonrisa asustada mientras, a lo lejos, una novia en fuga corría hacia la tormenta que aguardaba en el horizonte.

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