tribuna abierta

Camino a la libertad

12.05.2013 | 01:42

A escasos kilómetros de nuestra costa, a un tiro de piedra de Canarias, no existe libertad. Un pueblo azotado durante décadas y amordazado por la constante opresión de Marruecos mantiene viva su lucha para lograr su independencia, para volver a ser lo que era en su propia casa. Pero su camino a la libertad está plagado de obstáculos, de torturas, de olvidos intencionados, de la connivencia de los otros, de exilios forzosos.

La libertad a la que aspira el pueblo saharaui es un objetivo irrenunciable, pero la meta se aproxima o se escapa por decisiones que están en manos de otros. En manos incluso de algunos países cuyos gobernantes creen poco o nada en la libertad. Y mientras su destino se decide en París, Moscú, Pekín, Madrid o Nueva York, los saharauis que permanecen en los territorios ocupados sufren la persecución de quienes consideran que tienen vía libre para torturar, para censurar y para acallar el desgarrador grito de un pueblo al que tratan de expulsar de su propia tierra.

Esta semana pregunté al ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, sobre la puerta abierta por Estados Unidos –posteriormente cerrada– para permitir que los cascos azules de la MINURSO supervisen el respeto de los derechos humanos en el Sáhara. Y sobre el papel desempeñado por España junto a otros países como Francia, Rusia o China para enterrar una iniciativa que enfureció a las autoridades marroquíes.

La respuesta de Margallo, que recurrió a un viejo aforismo cuya autoría se achaca al torero Rafael Guerra, fue contundente: "lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible". Unas palabras que reflejan claramente que el papel de España, antigua potencia colonizadora, es secundario en un contencioso que se decide en otras capitales.

Tras el frustrado intento de Estados Unidos, avalado por prestigiosas ONG de derechos humanos como Human RightsWatch, Amnistía Internacional y la Fundación Robert Kennedy, las preguntas que hoy nos planteamos son: ¿Cuáles son las vías que se abren a partir de ahora con respecto a un objetivo que, a nuestro juicio, es irrenunciable? ¿Cuáles son las salidas que prevé explorar la comunidad internacional para supervisar la conducta intolerable de las fuerzas de seguridad marroquíes en los territorios ocupados?

Marruecos ha persistido en una política de represión en la región del Sáhara a toda disidencia. Así lo han constatado organizaciones de derechos humanos que han visitado la zona y que han motivado las recomendaciones del secretario General de la ONU en su último informe, así como la propuesta, fracasada, de Estados Unidos.

La libertad de expresión y de manifestación son estrujadas sistemáticamente sin que exista el menor indicio de que Marruecos esté dispuesto a ceder en su política de hostigamiento sobre los saharauis. Como tampoco parece que vaya a dar un paso atrás en las duras condenas de prisión, sin pruebas, por un tribunal militar, a los 24 militantes saharauis acusados por los acontecimientos de GdymIzik.
Lejos de las peticiones casi unánimes que plantea la comunidad internacional, Marruecos se niega a respetar los derechos y la libertad de expresión a todos los habitantes de la zona, incluidos los que piensan diferente. Al contrario. Ha optado por aplicar mano dura y actuar de manera inflexible y autoritaria.

Y España no puede seguir prestando su aval a un país que no respeta los derechos humanos, que avasalla constantemente al pueblo saharaui y que, de manera vergonzosa, se aferra al apoyo de países presentes en el Consejo de Seguridad y en el Grupo de Amigos del Sahara para seguir actuando con total impunidad y con el pleno convencimiento de que tiene la sartén por el mango y que nadie va a impedirle que siga actuando con la misma crueldad.

La respuesta del ministro fue frustrante, pero a título personal me quedo con una estampa imborrable de un grupo de mujeres y niñas sahararuis, que me recibieron en el aeropuerto de mi isla, El Hierro, para expresarme su gratitud por no ser cómplice de quienes tratan de silenciar a un pueblo que sigue adelante con su camino a la libertad.

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