las cuentas de la vida 

La moraleja del Excel

29.04.2013 | 03:00

Ironías de la informática: a veces el desprestigio depende de una hoja de Excel. Es lo que les ha sucedido a los economistas Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff con su famoso ensayo Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera (Ed. FCE). Se trata de un libro que leí con gusto hace unos años y que he citado con frecuencia. Era obvio su interés ya que ofrecía una documentada cartografía histórica del funcionamiento de los ciclos económicos, clasificados con inteligencia y un notable sentido pragmático. O eso creíamos. Porque ahora un doctorando ha puesto en jaque todo el andamiaje teórico de la obra, al denunciar una serie de errores en los datos del Excel que emplearon los autores. Las consecuencias han sido inmediatas: victoria para los keynesianos y derrota para los paladines del ajuste. También en la Europa germanizada del euro el tono del debate público ha empezado a virar. Bruselas incide más en las reformas estructurales de los países problemáticos que en la necesidad de aplicar nuevos recortes. A España se le permiten dos años adicionales para equilibrar sus cuentas. Cabe pensar que el BCE rebajará próximamente el tipo de interés y que contemplará con mejores ojos la expansión del gasto como terapia de choque. En unos meses, hemos pasado de una defensa de la austeridad a un incipiente rechazo de la misma. Si Rogoff & Company estaban equivocados, ¿qué hacer ahora?
Creo que nadie lo sabe con exactitud y, sin embargo, todos tienen su teoría. ¿Hasta qué punto es relevante la tasa de endeudamiento de un país? ¿Cómo se explica la actual crisis económica? ¿Se trata de un efecto de los procesos de globalización o de la falta de competitividad? ¿Podemos culpar al envejecimiento general de Occidente? ¿Y qué decir de la carga impositiva o del coste disparado del barril de petróleo? Si prescindimos de los señuelos ideológicos –por lo común falsos y miopes–, comprobaremos que reina la desorientación. Aunque por supuesto, determinas políticas resultan más convincentes que otras.
El legendario inversor inglés Jeremy Grantham dijo algo interesante al respecto en una entrevista concedida a The Guardian, donde subrayó que la austeridad no puede ir en contra de los activos estratégicos clave para una nación: la calidad de su capital humano, la eficiencia de las instituciones y el buen funcionamiento de las infraestructuras. Cuando alguno de estos tres factores se deteriora, la consecuencia es la pérdida del impulso competitivo. Creo intuir que Grantham también se refería a la importancia crucial de los valores culturales: ser capaces de objetivar los problemas y actuar con decisión, pensar globalmente, ponderar el equilibrio. De entrada, no es un mix que case mucho con la idiosincrasia española.
Un año después de su victoria electoral, si de algo se puede acusar al gobierno de Mariano Rajoy es la ausencia de un proyecto reformista. La vuelta de tuerca al sistema educativo responde poco a los modelos de éxito internacionales. La reforma laboral parece insuficiente, además de peligrosa en algunos aspectos. Queda por saber qué se hará con la gestión de los aeropuertos y ferrocarriles y si, en la próxima liberalización de los servicios profesionales, se cederá –o no– a la presión de los lobbies. Sospecho que la moraleja del Excel quizás indique que la austeridad ha agravado los problemas económicos en lugar de solventarlos. Pero, sobre todo, que necesitamos reformas y tiempo. Un camino no precisamente fácil.

Enlaces recomendados: Premios Cine
Otras webs del Grupo Editorial Prensa Ibérica