Tribuna abierta

Palabra de ministra

01.03.2013 | 02:00

Está colgada en Internet una rueda de prensa que dio la ministra de Sanidad en doble versión: transcrita y con el sonido original, no vayan a cundir sospechas acerca de la existencia de una mano negra para desacreditar a Ana Mato. Leyendo sus palabras es lo que parece; resulta imposible creer que haya alguien en el Gobierno capaz de no tener claro lo que son los pensionistas ni los parados y se líe hasta con el nombre que reciben, que balbucee y trastabille al buscar la palabra prestación y que asegure que en el Consejo de Ministros han adoptado una medida que ya estaba adoptada, todo eso sin que le suene raro.
Pero se podría decir que un ministro se debe a su cartera y al fin y al cabo las miserias de los pensionistas y los parados, amén de las medidas que se adoptan cada mañana a título gozoso reiterando las ya existentes, son asunto más bien propio de los ministros Montoro y de Guindos, también bastante particulares. Lo de la señora Mato va de sanidad y, a tal respecto, sus manifestaciones en la rueda de prensa de marras demostraron a ciencia cierta que tiene opiniones muy sensatas y firmes en ese campo. Así, nos aclaró a los ciudadanos que no es lo mismo una persona que está enferma, en cuanto a consumo de medicamentos, que otra que no lo está; una verdad soberana de las que cabe recordar en todo momento. En especial si tenemos algún pariente hipocondríaco y hay que intentar que no se gaste el sueldo en píldoras. No queda demasiado claro que tiene que ver el consumo de medicamentos con los parados sin prestación parlamentaria, que es lo que la señora ministra nos soltó aunque, eso sí, para rectificar de inmediato diciendo que se refería a otro tipo de prestaciones. No pudo decir cuáles eran hasta que le soplaron que se llaman de desempleo pero tampoco hay que andarse con menudencias. Menos aún cuando, como ejemplo de lo eficaz que es su ministerio y, por extensión, el Gobierno en pleno, la señora Mato nos aseguró que no hay cosa que tenga más valor que una medicina que cura enfermedades.
En espera de la cura para la gilipollez, cabría pedirles a los ministros que se llevasen aprendidas las ruedas de prensa si no saben lo bastante de lo que están hablando como para poder improvisar sin riesgo. Riesgo de muerte por sofoco a causa de las risas que culminaron el acto cuando, al no saber cómo se llama la pensión de los jubilados, Mato soltó (textualmente) "Pues yo ya me voy a callar". No decir nada de lo que no se sabe es la máxima con la que el filosofo Wittgenstein remató su obra más conocida; de haber conocido a la ministra, igual la citaba a pie de página. Pero existe aún un procedimiento mejor: no poner al frente de un gabinete a quien no sabe ni a qué se dedica. Salvo que se trate de una cartera vacía, como la de Sanidad, con sus competencias transferidas a las comunidades autónomas. Va a ser eso: a falta de trabajo sanitario, la ministra toma clases de oratoria. Para mí que estaba ensayando un monólogo cómico de los que te llevan a la fama.

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