Tribuna abierta

Los hechos y la reflexión frente al ruido

01.03.2013 | 02:00

Son tiempos difíciles, confusos. A veces da la impresión de que el mundo se desmorona por la inestabilidad del sistema. Una inercia extendida de la destrucción contribuye a que esa idea se afiance entre nosotros. Las redes sociales y la blogosfera escupen un debate basado en el ruido, el rumor, la banalidad y la discusión que aviva aún más la caldera del desánimo. Se ha instaurado una dictadura de la opinión barata tan inane en su contenido como peligrosa en las formas que algunos tienen de expresarse o revisar la actualidad conforme a las reacciones más primarias y las pasiones más irracionales. Si en eso consiste el llamado periodismo ciudadano, apaga y vámonos. La argumentación razonada, la información reflexiva y el análisis se han sustituido por el exabrupto amplificado. En una situación complicada, en medio de una crisis económica que sacude al bienestar y otra moral que flagela las conciencias, la solución parece ser no dejar títere con cabeza. La tendencia del momento, el famoso trending topic, se sucede en torno a los asuntos más descabellados o disparatados. En esa ola gigantesca de la fama efímera lo mismo cabalga un famosete, la novia de un futbolista, la última trama corrupta o el mismísimo debate de la nación. Sin que por ello haya que establecer una jerarquía del interés informativo que ha quedado exclusivamente relegada a la custodia profesional de las redacciones de los periódicos. Lo mismo que la actualidad prendida con alfileres se equipara al hecho verdaderamente noticiable.
Este no es, por lo que me concierne, el penúltimo lamento crepuscular sobre el viejo oficio de contar historias y profundizar en ellas ayudando al lector a que se encuentre razonablemente bien informado. No; el periodismo de toda la vida atraviesa problemas coyunturales, como resultado de la recesión, y también estructurales debido al impacto mudable de las nuevas tecnologías. Pero también se sirve de ellas, se adapta en la medida de lo posible y sigue vivo. A sus hallazgos –ni las revelaciones sobre la corrupción, ni cualquier otro asunto de repercusión ha sido desvelado por los blogs– recurre Internet. En ocasiones para hacerse eco de manera juiciosa y pormenorizada, las más para prender una mecha de inconsistencia alrededor de los hechos. El lector demanda hechos y análisis para desentrañar la complejidad que a veces los rodea. Ésa es la auténtica información; el resto es ruido. El encumbramiento reciente en la blogosfera de Colau y Talegón, con sus discursos carentes de contenido, prueba la devastación intelectual a que nos somete una actualidad banal amplificada ajena a la reflexión y movida por las pasiones inmediatas. Cuando no el exabrupto al calor de la protesta social, es la trivialización del acontecimiento. Colau y Talegón tenían derecho a manifestar lo que dijeron pero también el deber de profundizar algo más en ello para que su mensaje resultase creíble por encima de una simple reacción primaria. La ciberutopía se mueve entre esa banalización y los intentos por combatir las restricciones de libertad, valiosos en el caso de la revolución árabe pero en muchas ocasiones algo delirantes, como mantiene Eugeni Morozov en su libro El desengaño de Internet.
La prensa, ocupada además de hacer su trabajo en reponerse a tiempo de los sobresaltos de la rumorología que se extiende por la Red, debería mantener una especie de diálogo deontológico con la blogosfera para poder aprovecharse de las posibilidades que ofrece como fuente. Del mismo modo que los blogueros concienzudos se apoyan en las publicaciones de papel para sus post. Pero para ello tiene que haber un compromiso profesional que supere la intrascendencia de la actualidad sobredimensionada por el trending topic.
El concepto periodístico de información debidamente jerarquizada y analítica que permite crear una opinión crítica consciente y formada es la única herramienta que tenemos para ofrecer la historia desde todos sus ángulos. La prueba está en el seguimiento de las últimas noticias con mayor repercusión: los casos de corrupción política o la renuncia del Papa.
El ruido no significa información. Y está siendo atronador.

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