entre bastidores 

Geometrías en la Italia asqueada

28.02.2013 | 03:00

En España, los resultados italianos serían ingobernables. Su sistema electoral, apodado "la cerdada", ha dado una Cámara con mayoría absoluta de izquierdas, pero un Senado fragmentado en el que las únicas alianzas capaces de sumar mayorías absolutas parecen incompatibles: tanto la de Berlusconi con el izquierdista Bersani, como la de cualquiera de los dos con el movimiento de Beppe Grillo, la estrella de la jornada. Un cómico que ha llevado al extremo la esencia de la política italiana: técnicas de showman televisivo para un mensaje de desprecio hacia los políticos en general. Decirle a cada uno lo que desea escuchar, falsear el origen de los problemas para ocultar la dificultad de solucionarlos: a eso se le llama demagogia. Quién menos la ha practicado durante la campaña es quien ha salido peor parado: Mario Monti, el profesor que intentó aplicar las recetas de rigor y reforma que Italia necesita desde que entró en el euro.

Cuando los recortes empezaron a doler, Berlusconi se desmarcó por el sistema de negar la prima de riesgo. A la porra los alemanes, una tesis que comparte con Beppe Grillo. Más de la mitad de los votantes han apoyado a fuerzas que niegan la disciplina europea. Sin embargo, la cámara baja estará en manos de una izquierda partidaria de seguir los mandados del BBF (Bruselas, Berlín, Frankfort) aunque "con acento social". El problema va a ser el Senado, donde Bersani está en minoría y donde, en teoría, ni Grillo ni Berlusconi pueden apoyar ningún programa de austeridad y recortes. El fantasma de la ingobernabilidad sobrevuela los palacios de Roma y las oficinas de negocios de Milán, donde la bolsa reaccionó a la baja. Ya se habla de volver a las urnas, quizás solo para el Senado, tal vez tras un cambio de la ley electoral. Pero hay algo que no debemos perder de vista: estamos hablando de Italia. Es decir, de una historia muy larga que la dota de una capacidad casi infinita para la transacción y la componenda entre puñalada y puñalada. En pocos lugares encontraremos tal capacidad de mezclar agua y aceite, y que funcione durante un tiempo. Si diez millones de italianos le perdonan a Berlusconi todo lo que se le debe perdonar para votarle, ¿cómo no van a olvidar las mutuas ofensas los partidos del Senado? Grillo da miedo porque no se sabe exactamente de qué va, pero tal vez esa sea su gran virtud: puede acabar apoyando cualquier cosa siempre que se le permita poner la cara de asco que le sintoniza con los ciudadanos asqueados.

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