tribuna abierta 

Los ecos del corralito

 03:00  

XAVIER DOMÈNECH Estos días, Argentina cierra los restos del corralito, al pagar los últimos bonos que emitió en aquella dramática encrucijada. Buen momento para recordar lo ocurrido y compararlo con las cosas que ocurren por aquí en los días presentes.

Al principio fue una hiperinflación: tasas mensuales promedio de más del 300%. Carlos Menem la cortó en 1991 con una reforma monetaria que creaba una nueva divisa de cambio fijo y garantizado: un peso, un dólar. Pero la medida promovió el endeudamiento en dólares, mientras la balanza comercial no lo compensaba. La deuda llegó a ser asfixiante y condujo a una recesión salvaje. Miles de ahorradores temieron que el cambio fijo saltaría por los aires y se lanzaron a sacar dólares del país. Para cortar la hemorragia, el presidente De la Rúa decretó la inmovilización de los depósitos bancarios en diciembre de 2001: A eso se le llamó corralito, nombre dado en Argentina al pequeño cercado donde juegan los bebés en las casas. Con el corralito, el gobierno suspendió el pago de la deuda. Luego ordenó que todos los depósitos en dólares se cambiaran a pesos y liberó el cambio, lo que llevó a una rápida y drástica devaluación, hasta los cuatro pesos por dólar.

La purga fue muy dolorosa. Colapsó la economía y provocó un incremento drástico de las tasas de pobreza. Miles de argentinos buscaron trabajo en otros países, España entre ellos: si unos años antes llegaban huyendo de la dictadura, ahora lo hacían de la miseria. Desde tales profundidades empezó la reconstrucción, pero el trauma se marcó a fuego en la memoria nacional.

En la historia previa al corralito hay cosas que nos suenan. Argentina atornilló su moneda al dólar, como España abrazó el euro. En ambos países, la nueva divisa, de estabilidad forzada, permitió controlar la inflación y llevó al endeudamiento público y privado: prosperidad por encima de lo que justificaba la balanza comercial. Y cuando estalló la crisis de la deuda, no se pudo recurrir a la devaluación ni a la máquina de imprimir billetes.

Pero hay diferencias significativas. Una es que mientras en España desapareció la peseta, en Argentina continuaron circulando los pesos, por lo que el retorno a la vieja moneda se podía dar con un simple decreto. Otra diferencia es que a Washington le daba igual lo que le ocurriera a Argentina, porque su hundimiento no hacia ni cosquillas al dólar, mientras que la crisis de la deuda española sí constituye una amenaza para el euro y para la Unión Europea, aunque esta, con frecuencia, parece actuar como si no fuera consciente de ello.

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