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la ciprea

Maniobras conjuntas: el fútbol y el Peñón

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ELSA LÓPEZ, ESCRITORA Mi padre, que era un señor de derechas igualito, igualito, al señor Rajoy, solía romper cualquier discusión familiar diciendo: "Hablemos de Gibraltar", que era como decir ni blanco ni negro, o sea, la nada. Gibraltar, entonces, tenía dos valores: el contrabando y la amenaza de Franco cada vez que había algún problema serio. Para mi madre Gibraltar era un mundo de conjuntos de lana teñidos de colores. Conjuntos de cachemir de color rojo, azul y verde pálido, llegaban del Peñón con etiquetas en inglés que era algo insólito y deslumbrante. Para mi padre era el grito de alarma. Si había una huelga en marcha o una revuelta, o un fusilamiento, matemáticamente el gobierno sacaba a relucir el tema de si el Peñón era nuestro o de Isabel II. Se hablaba durante día de barcos de guerra y de ataques al Reino Unido. Nos lo creíamos. ¡Era todo tan verosímil! Y mientras los ciudadanos perseguían ingleses de ficción desde su almohada, nadie se preguntaba por los mineros en huelga o por los muertos en las cárceles. Y si Gibraltar no era suficiente para hacernos olvidar, nos organizaban un enfrentamiento en el deporte. Eso era verdadera droga alucinógena. Los estadios se llenaban de exaltados por una copa o por un trofeo plateado. La Copa del Generalísimo era el remate patriótico para millones de ciudadanos henchidos de satisfacción patriótica ante tales excusas deportivas. Nada parece haber cambiado. El día 25 tuve un terrible flash-back. Mientras en las noticias nos repetían una y otra vez el asedio de las patrulleras inglesas cargadas con metralletas a los pescadores de La Línea de La Concepción, los equipos que se disputaban la Copa del Rey se paseaban por las calles de Madrid declarando sus convicciones separatistas o sus manifiestos particulares contra Esperanza Aguirre o la corona de España. Disfruté como una loca. Pero supe desde el primer momento que aquello era solo una maniobra de ocultamiento. El enfrentamiento del Athletic de Bilbao y el Barcelona era tan falso como el tema de Gibraltar. No por falso en sí mismo, que real lo era, sino por cómo se manipulaba el asunto. El fútbol es una buena justificación para liarse a patadas; Gibraltar para liarse a discutir el sexo de los ángeles. Y, mientras tanto, se pierden de vista los problemas reales: Rato a casa con nuestro dinero; Urdangarin a casa con nuestro dinero; el presidente del Tribunal Supremo a casa con su señora y nuestro dinero; y la derecha más casposa a mandarnos callar en la mesa para evitar discusiones sobre la huelga de los trabajadores de las minas de León, Oviedo y Teruel. Hablemos, pues, de la nada, mi querido padre, para evitar discusiones y enfrentamientos aún mayores.

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