PORTADA PDF
tribuna abierta

La crisis ajena

 03:00  

EGUIAR LIZUNDIA Se refería hace poco Félix de Azúa en un artículo al papel catártico que tenían las guerras en las sociedades democráticas hasta la II Guerra Mundial, cuando el conflicto armado azotó por última vez a las democracias occidentales de forma interna. El impacto de las guerras iba mucho más allá de la destrucción física de ciudades y pueblos, la muerte masiva de soldados y civiles y la ruina económica de las naciones. La huella más profunda que dejaban era inmaterial, marcada a plomo en el subconsciente colectivo, y tenía que ver con la necesidad de seguir adelante, con la revalorización de la vida humana en su sentido más básico y, sobre todo, con el compromiso de evitar que la calamidad sacudiera de nuevo a los supervivientes y sus descendientes.
En España, las generaciones que vivieron el horror de la guerra civil y sus hijos dieron fe del efecto terapéutico de las guerras con el pacto histórico entre vencedores y vencidos que dio lugar a la Transición democrática. Con el recuerdo del enfrentamiento fraticida aún vivo, la abrumadora mayoría de la sociedad española decidió escoger el camino de la reconciliación, el perdón y la aceptación mutua, sabiendo que fueron el cainismo y a la intolerancia hacia las ideas ajenas las que llevaron al país a la guerra solo cuarenta años antes.
Hoy en día la consolidación de la democracia y el progreso material hace impensable un conflicto armado en el seno de las sociedades democráticas europeas, incluida España. El problema es que las mismas décadas de paz y de prosperidad que han desterrado casi por completo la posibilidad de que estalle una guerra no han evitado que otros acontecimientos catastróficos tengan efectos igualmente devastadores sobre el bienestar material de los ciudadanos. Una aseveración que no es exagerada cuando se piensa que en países como Grecia la crisis financiera, de deuda, del euro y las que quedan, han hecho retroceder al país más de diez años en términos de su PIB. Una auténtica guerra en términos de destrucción de capacidad productiva.
Con todo, las crisis económicas no tienen evidentemente el mismo efecto dramático que los conflictos bélicos, al menos en nuestras sociedades. Si bien es cierto que la actual situación social del sur de Europa es trágica desde cualquier punto de vista, no hay una disrupción de la vida cotidiana equiparable a la que se produce en una guerra. Tampoco hay, lógicamente, frentes, ni trincheras, ni baterías antiaéreas. Y el deterioro de las condiciones de vida, aunque imparable, se produce de forma mucho más pausada, de forma que existe espacio (menguante) para la adaptación y la supervivencia.
Estas diferencias entre los cataclismos económicos y las guerras, el carácter menos traumático de los primeros, explica también el disímil efecto que ambos procesos tienen sobre la psique social. Mientras que tras los conflictos civiles que se resuelven democráticamente hay una necesaria asunción de responsabilidades por parte de la sociedad en su conjunto y un indispensable propósito de enmienda colectivo, las crisis económicas, especialmente las financieras, son vistas como algo exógeno, impuesto. Los culpables, o son invisibles y exteriores (mercados) o son unos pocos agentes internos, generalmente caricaturizados (banqueros).
En este sentido, la mera existencia de la crisis es vista como un injusto castigo y algo que jamás debió haber pasado. No existe la autocrítica como pueblo, y si la hay, es solo apariencia. Así es como hoy en España los excesos pretéritos, el suicidio colectivo de los años 90 y principios de los 2000, han sido adjudicados a los fabras y poceros de la época y la indignación, como lo fue la "Memoria" durante los años de las vacas gordas, es una vez más extemporánea. Primero comparsas y ahora torquemadas. No hay nada como la fe del converso.
Entre tanto, la dimensión sistémica de la crisis se ha dejado a un lado. En el relato ya cerrado sobre las causas de la crisis (la burbuja inmobiliaria, el boom crediticio, los excesos de los políticos) no se incluye a penas la baja de productividad de las empresas y trabajadores, el consumo a crédito desaforado, la falta de ahorro de las familias, entre otras faltas individualizables. Es como si la crisis de las finanzas nacionales careciera de correlato microeconómico. Como si el desastre económico fuera el resultado del mal comportamiento de una alianza de poderosos en contra de una inocente ciudadanía. Como si en lugar de un conflicto civil, en el sentido de originado de manera interna a una sociedad, estuviéramos padeciendo una guerra de agresión. En vez del Ebro y Belchite, Bagdad y Basora.
Así las cosas, la idea de sacrificio o enmienda resulta impensable y no es de extrañar que una creciente mayoría de la población abogue por la reincidencia. Especialmente cuando desde la clase política se acompaña infantilmente esta dejación de responsabilidades o se persiguen reformas inequitativas que tampoco atacan la raíz del problema. Pero visto que hasta las catarsis que provocan las guerras no son siempre infalibles (¿alguien se acuerda hoy del consenso de la Transición?), esto no puede sorprender a nadie.

  HEMEROTECA
  LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES
 LO ÚLTIMO
 LO MÁS LEÍDO
 LO MÁS VOTADO

Suplementos

 
 
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  LA OPINIÓN |  LOCALIZACIÓN     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR  
laopinion.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopinion.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 

  

Aviso legal
 
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya