fin de siglo

Un silencio de lujo

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JUAN JOSÉ MILLÁS Creo que en medicina se habla del "silencio de los órganos" para expresar la discreción del hígado, del páncreas o de los pulmones, por poner algunos ejemplos. El silencio de los órganos. El cuerpo mudo. Parece mentira que ninguna víscera se manifieste a diario, que ninguna levante la voz. Sale uno de la cama, se ducha, se cepilla la boca, se viste, desayuna y se mete en el coche sin haber escuchado ningún grito, ninguna demanda de ayuda, ninguna expresión de socorro. Es cierto que mientras uno conduce su automóvil hay gente que se ahorca, gente que ingresa en la UVI, gente que cae fulminada por una parada cardiorrespiratoria o un disparo. Es cierto que mientras uno introduce la ficha en el reloj de su empresa, hay aquí o allá un terremoto que derriba torres, un temporal que inunda pueblos, un rayo que parte en dos a una anciana. Pero tu cuerpo permanece en silencio. Discutes con tu jefe acerca de cómo sacar adelante este proyecto, te peleas con tu hermano por esa cazadora de piel que comprasteis a medias, haces números mentalmente para ver si llegas una vez más al final de mes. Y tu cuerpo continúa en silencio. Aunque aúllen tu cuenta corriente, se atasquen las tuberías de tu casa o se te queme el pollo en el horno, tu cuerpo, de norte a sur y de este a oeste, calla como un muerto.
Pero de súbito, yendo al cuarto de baño, por ejemplo, te tuerces un tobillo. No ha sido nada, una tontería, has pisado mal con el pie derecho y tras el dolor correspondiente el tobillo ha comenzado a hincharse. Quiere decirse que el cuerpo ha abandonado su silencio. Grita desde allá abajo, desde el pie, como unos de esos vecinos malos que dan fiestas hasta altas horas de la noche. El tobillo ha devenido así en el centro del universo. No es nada, ya lo sabemos, un esguince. En la guerra, seguirías disparando y corriendo sin reparar en la hinchazón, pero en medio de esta dura paz que nos ha tocado vivir un esguince es un drama. Tendrás que ir al médico, tal vez hacerte radiografías, quizá acudir al fisioterapeuta. Solo escuchamos al cuerpo cuando grita, jamás cuando permanece en silencio. Una lástima, porque se trata de un silencio armonioso, musical, un silencio de lujo al que deberíamos prestar alguna atención.

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