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tribuna abierta

Espárragos chinos

 03:00  

JOAQUÍN RÁBAGO Espárragos chinos, verdes o blancos. Eso sí, oportunamente envasados en nuestras regiones de producción tradicionales como Navarra, y exhibiendo conocidas marcas nacionales en la etiqueta.
Es preciso leer muy bien la letra pequeña €cosa que no hace seguramente la mayoría de la gente€ para descubrir el verdadero origen geográfico de esos espárragos que uno encuentra en los anaqueles de cualquier supermercado. Es una de las consecuencias inevitables del libre comercio y la globalización.
Y a muchos es posible que no les importe en el fondo. Que no les preocupen tampoco las precarias condiciones de los trabajadores chinos, sus sueldos de miseria, la ausencia de sindicatos que los defiendan, o la huella de carbono que deja el transporte de esa u otras mercancías desde Asia. Con tal de conseguir los espárragos más baratos.
Es la política de los supermercados, que están hundiendo al pequeño comercio. Cierran las pequeñas tiendas porque ya no pueden pagar los alquileres para reabrir en algún caso poco tiempo después con un chino al frente. Quien además trabaja, y sin rechistar, las 24 horas del día si es preciso.
La etiqueta "made in China" está ya en todas partes. En los componentes de muchos productos electrónicos o de la industria automotriz, en todo tipo de juguetes y otros objetos de plástico, en los muebles y otros artículos del hogar, en el forro de las prendas de vestir, incluso cuando se trata de las marcas de lujo. Productos todos ellos fabricados en condiciones que serían intolerables en nuestras latitudes y que contribuyen a degradar, por la fuerte competencia que representan, nuestro propio mercado laboral.
Se sabe también que el cada vez más voraz gigante asiático, que controla alrededor del 90 por ciento de la producción mundial de las llamadas "tierras raras", empleadas en la industria militar y tecnológica, ha entrado con fuerza en el mercado africano y latinoamericano de las materias primas, en feroz competencia con Europa y Estados Unidos, a fin de abastecer sus necesidades de producción presentes y futuras.
Y, hablando de la creciente presencia china en Occidente, una cosa que desde hace años le ha llamado a uno mucho la atención es el hecho de que en cualquier pueblo perdido de Austria o de Alemania no falte un restaurante chino, y que además casi nunca haya en él clientes.
¿Cómo se sostienen? Sea como fuere, lo cierto es que en muchos colegios de nuestra vieja Europa, los padres previsores envían ya a sus pequeños a clase de mandarín.

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