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Primeros cultivadores de ´Las Folías´

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ELFIDIO ALONSO Ya en 1490 nos encontramos con las Folías antiguas de Rodrigo Martínez, de autor anónimo pese al nombre que figura en su título. Algunos estudiosos las han considerado como simples improvisaciones sobre un villancico contenido en el Cancionero de Palacio. De ritmo agitado nos recuerda los orígenes populares de la Folía, especialmente en sus primitivas variaciones portuguesas. Destaquemos la interpretación que nos ofrece Jordi Savall en su álbum dedicado al género (Av 9805, Alia Vox 1998), con acompañamiento de viola de gamba soprano, arpa, guitarra, órgano, tambor y cascabeles. La pieza nos recuerda el conocido Hoy comamos y bebamos, de Juan del Enzina.
En otro trabajo de Jordi Savall y Genoveva Gálvez dedicado a la música antigua española (Hispavox, CDM 7647352, Madrid 1969) nos hemos encontrado con la Recercada cuarta sobre la Folía, dada a conocer posiblemente por su autor, Diego Ortiz, en 1553, e interpretada por viola de gamba bajo, vihuela de mano y clavecín.
Hasta la fecha resulta casi un desconocido este curioso músico español, posiblemente oriundo de Toledo (1510-1570) y más tarde afincado en la corte virreinal de Nápoles, cuando era uno de los estados de la península italiana que alcanzó hegemonía española por ese tiempo, según relatan los biógrafos. Su obra más famosa fue publicada en Roma (1553), con este largo título: Tratado de glosas sobre cláusulas y otros géneros de puntos en la música de violines nuevamente puestos en luz.
Es probable que se trate de una pieza que llegó a componer Ortiz en su madurez, como así parece indicar esa parte del título que reza "nuevamente puestos en luz", según aventura Jordi Savall en sus comentarios. Y a pesar de abandonar España "a muy temprana edad", sus biógrafos no dudan en reconocer el carácter hispánico de su música, especialmente en lo que se refiere a las recercadas. Una de ellas, precisamente, fue dedicada a la Folía, como hemos dicho.
Si el término recercar puede traducirse por "buscar de nuevo", Diego Ortiz pretendió realizar una variación o nueva fantasía sobre la Folía, llegando incluso a numerarla (cuarta), lo que indica la posibilidad de haber ensayado con el género más de una vez. Lo mismo ocurrió con otros bailes y danzas de procedencia popular, como son los casos de la Pavana o Gallarda, amén de la famosa Romanesca, conocida en España con el nombre de Guárdame las vacas.
En cuanto a su variante sobre Las Folías debemos destacar la presencia y utilización del famoso bajo ostinato, tan característico de muchos esquemas melódico-armónicos de las danzas del Renacimiento, y que aún se mantiene en la modalidad de Folía que seguimos cultivando en nuestras islas, como hizo observar acertadamente Lothar Siemens en su decisivo estudio sobre La Folía histórica y la Folía popular canaria (El Museo Canario, números 93-96, Las Palmas 1965).

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