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tribuna abierta

Dudar, ¿por qué no?

 02:08  

JESÚS PEDREIRA CALAMITA, LICENCIADO EN DERECHO, SOCIOLOGÍA E HISTORIA Suelo desconfiar de las personas que lo tienen todo claro. Que no tienen nunca ninguna duda. Que creen que siempre tienen la razón en todo.
Es más, son peligrosos los que nunca duda.
Se ha instaurado en la sociedad española, además, el que una simple información se tenga por cierta, por superflua que sea. Sin contrastar datos. Sólo por mera sospecha.
Por el contrario, creo que es bueno dudar. Pero no dudar porque sí. Sino dudar hasta que tengamos información contrastada, segundas y terceras referencias. Datos más objetivos. Cifras concretas. Hechos del todo contrastados.
Hay, además, que ponerse en el lugar del otro. No sólo para rechazar su opinión, que primitivamente creemos que es errónea, sino para conocer su punto de vista. Su reflexión, su intuición, sus razonamientos.
Dudar, para acertar. Dudar, para no dar como un relámpago nuestra opinión. Dudar, para mejorar la convivencia. Dudar, para apreciar al otro. Dudar, para, en definitiva, mejorar entre todos.
Suele ser habitual en el pensamiento totalitario la opinión unánime. La no duda. Dar por cierto un razonamiento porque sí.
Sin embargo, en democracia debe ocurrir lo contrario.
Siempre he pensado en lo difícil que debe ser la profesión de Juez. Ante una avalancha de documentación, testigos de ambas partes, opiniones indubitables del Fiscal y del Abogado defensor, la posición del Juez es admirable. Tener que discernir, en conciencia, y con todos los argumentos sobre la mesa, para ser un gran Juez, además de ser un lúcido jurista, ha de ser una persona cabal y razonable.
Los que no son cabales ni razonables son los que a las primeras de cambio, lanzan su diatriba, sin posibilidad de error ninguno –creen ellos–, y vociferando y criticando a diestra y siniestra al que opine lo contrario.
Sin embargo, es mucho más respetable la postura del que, de entrada, calla. Pero no otorga. Duda, pero, piensa. Opina, cuando ha estudiado pormenorizadamente todas y cada una de las posturas. Decide, cuando, ha puesto en la balanza, lo positivo y lo negativo, de una decisión.
Desconfío de los advenedizos. De los que siempre lo saben todo. De los opinan de todos los temas. De los que gritan, porque no tienen la razón.
Admiro a los que contrastan opiniones, piensan que la suya no siempre tiene que ser la verdadera.
Dudar, ¿porqué no?
No es una cuestión de debilidad, ni un pensamiento titubeante. Debilidad es no tener fuerza para afrontar la posición del otro.
Lo bueno es plantear nuevas posibilidades, nuevas situaciones. No se trata simplemente de negar la posición del otro. Se trata de dar nuestra opinión, no con nuevos eslóganes ante los que sólo cabe la euforia o la resignación, sino con juicios razonables que den a nuestra postura la máxima respetabilidad.
Dudar, sí, es bueno.

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