tribuna abierta

Viva Hollande

 03:20  

CAMILO JOSÉ CELA CONDE Justo cuando más de capa caída parecía andar el sentimiento europeísta, cuando parecían por fin victoriosos los nacionalismos feroces –los estatales y los autonómicos–, con la mirada puesta en el ombligo propio, la victoria de Hollande en las elecciones presidenciales francesas vuelve a abrir un hueco a las esperanzas en un verdadera Unión Europea. Se trata del fenómeno más interesante de la sociología política actual: tanto en España como en los demás países castigados por el acoso de los mercados financieros se ha seguido la campaña francesa como si se tratase de elecciones propias. Más aún porque, al menos por lo que hace al caso de este reino, la situación depresiva ha alcanzado cotas que sólo se recordaban ligadas al páramo político que fue la dictadura del general Franco. De ver en la libertad de voto un derecho por el que merecía la pena arriesgar la vida, una parte cada vez más importante de los ciudadanos españoles ha ido cayendo en el manfutismo que lleva a la abstención. Algo bien lógico, sin más que ver cómo fue la legislatura anterior y cómo transcurre ésta. Pero la indiferencia por los resultados de unas elecciones en las que, a juzgar por los candidatos que se presentan, poco importa quién gane, ha sido sustituida en un santiamén por un interés casi morboso respecto de las votaciones en Francia. Con una particularidad añadida. No recuerdo ninguna otra ocasión en la que coincidiesen más, en sus deseos, la izquierda y la derecha española.
Un suspiro de alivio generalizado podía oírse el domingo por la noche cuando los primeros recuentos anticiparon que Hollande había ganado. Pero, ya digo, lo más curioso del asunto es que no sólo los que, si votan, suelen hacerlo por los partidos de la izquierda veían abrirse la puerta del optimismo –bueno; veían cerrarse un poco la del pesimismo absoluto– sino que fueron las filas de los que hoy gobiernan en España las que se más tranquilizaron. Porque la situación desesperada a la que nos ha llevado la señora Merkel tiene una traducción inmediata en los ajustes improvisados, cambiantes, feroces y absurdos que tanto el Gobierno de Madrid como los autonómicos han emprendido con la fe del carbonero. Ahora que Hollande da paso a la esperanza de que haya alguien con sentido común, capaz de entender de que de la crisis económica no se sale precipitando una recesión feroz, se pone de manifiesto que ni siquiera los partidarios de las soluciones liberales creen ya en ellas. Al margen de que aliviar la deuda sea un objetivo aún imprescindible, la manera cómo han de llevarse a cabo los ajustes económicos es vista por tirios y por troyanos de la única forma razonable; con la mirada puesta en la política del presidente Obama. Hasta ahora Rajoy y sus ministros habían negado de manera enfática esa salida insistiendo en la fe merkeliana de manera tan enfática que parece propia del fundamentalismo. La cara con la que han recibido la victoria de Hollande pone de manifiesto que ni siquiera ellos se lo creían de verdad.

  HEMEROTECA
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  LA OPINIÓN |  LOCALIZACIÓN     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR  
laopinion.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopinion.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 

  

Aviso legal
 
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya