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la ciprea

Madres robadas

 03:20  

ELSA LÓPEZ, ESCRITORA Me imagino que es extraño ese sentimiento de no saber de quién eres, cuáles son tus raíces, cuáles tus orígenes. En estos días que tanto se habla de bebés robados, de criaturas arrancadas de los brazos de sus madres por motivos diversos, por diversas razones y por causas a veces inexplicables, yo quiero hablar de esos niños a quienes les robaron a sus madres, se las quitaron de sus brazos y las apartaron de sus vidas. Es una manera distinta de enfocar la cuestión; una mirada desde abajo hacia arriba, desde lo más pequeño a lo más grande. Me imagino diminuta, sin el calor de un pecho donde guarecerme, donde apoyar mi vientre lleno de gases y contracciones; donde refugiarme de las puertas mal cerradas, de los callejones en corriente; un cuenco cálido donde esconder los miedos, las ansiedades o el hambre. Me imagino solitaria en esos corredores de casas enormes con enormes pasillos y enormes mujeres que gritan al pasar, que descargan sus malos sueños o sus frustraciones en mis pequeñas espaldas, en mi pequeño cuello y en mis pequeños brazos doloridos de apenas cuatro años abiertos en cruz en una fría capilla de colegio, orfanato o casa cuna. Me imagino temblorosa buscando unas rodillas donde refugiarme de las iras de unas, del mal olor de otras, ese olor a sudor y a aceite mezclado con incienso de aquellas mujeres enfermas de soledad. Y yo, entre ellas, sin madre en quien acurrucarme; sin poder llorar esas ausencias por miedo a las palizas o al desagrado. Y no entiendo muchas cosas. No entiendo por qué nadie castiga a quienes infligieron tales tristezas a niños a los que la vida o la sociedad les robó a su madres. Yo siempre hablo de las madres a quienes quitaron a sus hijos. Madres que buscan, que aún buscan... Pero, ¿y ellos? ¿Qué hacemos con los hijos que buscan a sus madres? ¿Qué les decimos ahora? ¿Que se las quitamos, que les arrebatamos la posibilidad de ser acariciados y acunados por ellas solo porque había médicos, monjas, comadronas y jueces que se creían en posesión de la verdad por una misteriosa iluminación divina que les llevaba a pensar que hay madres de diferentes clases y unas tienen derecho a tener hijos y otras no? ¿Cómo explicarles a esos hijos a quienes se les negó el derecho a ser felizmente acunados a mi pecho que mis pechos no eran los adecuados y si el de otras madres? No lo entenderían. No lo entienden. Y por eso, en conmemoración del día de las madres, dedico mis palabras a esos niños a quienes se les despojó del derecho de ser amados por aquellas que los desearon, gestaron y parieron en este mundo.

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