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tribuna abierta

Parábola de la Reforma Laboral

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NORBERTO ALCOVER Un hombre tenía un campo amplio y fructífero, pero venido a menos por el abandono de años y años. Un día se dijo: ya es hora de sacarle provecho a mi campo para que me rente, en lugar de estar reseco e improductivo, echándose a perder. Alquilaré maquinaria especializada para que lo pongan a punto, para que lo aren, para que lo enriquezcan del mejor abono, y después ya me lo pensaré despacio para sacarle el mejor rendimiento. Solicitó ayuda a los gobernantes de turno, a fin de que le ayudaran a reflotar el campo tal y como había pensando, y al cabo de un tiempo, el campo apareció reluciente, dispuesto a aceptar la semilla del hombre, una semilla que, tras las ayudas recibidas de los poderes gubernamentales de turno, debía comprar él mismo y, así, arriesgarse un tanto. Sabía muy bien nuestro hombre que el campo podía estar perfectamente preparado con la ayuda recibida, pero sin comprar la semilla necesaria, de nada serviría el esfuerzo hecho y por supuesto, se echaría a perder por completo la ayuda de las autoridades. Otros hombres contemplaban las medidas que el hombre iba tomando y estaban pendientes de si compraba o no compraba la semilla con su propio dinero porque, con la semilla, tendrían ellos mismo trabajo en el campo, pero sin semilla, en absoluto. Y así, con los otros hombres a la expectativa, acaba esta parábola sobre la Reforma Laboral española, firmada en el Consejo de Ministros a nueve de febrero de 2012, año del Señor".

Ésta es la parábola, con un cierto aire evangélico, que se me ha ocurrido para colocar cada pieza de la Reforma Laboral en su exacto lugar tras el visto bueno del aparato gubernamental que preside Mariano Rajoy, sobre cuya buena voluntad no me cabe la menor duda. Y supongo que cualquier lector medianamente ilustrado comprenderá la parábola. Pero lo importante es la consecuencia entre social, política y moral que se deduce tras una meditación parsimoniosa del texto. Fíjense bien.

¿De qué nos serviría contar con una preparación estupenda del campo laboral español, a favor de los dueños del campo y con la ayuda pública de una determinada legislación, si ahora tales dueños fueran incapaces de arriesgar su propio capital para que las ayudas recibidas fructificaran de forma y manera que los demás españoles, con idénticos derechos que ellos, pudieran trabajar ese campo y, así, sacar una buena pasta tanto los dueños como los trabajadores a favor del conjunto de la sociedad? Ésta es la pregunta del millón, que la parábola no responde porque se acabó una vez que había desarrollado la cuestión de base: ¿de qué sirve preparar un campo con el dinero y la legislación de todos, si más tarde sus dueños no son capaces de arriesgar comprando la semilla necesaria para que los trabajadores actúen? Todo lo demás sobra. Por completo.

El gobierno de Mariano Rajoy, que lo es de toda España en sus plurales nacionalidades, ha ayudado legislativamente a que nuestros empresarios puedan preparar el campo para hacerlo productivo, y ahora todos los demás miembros de la sociedad estamos a la espera de que arriesguen de verdad a favor de los trabajadores y no aprovechen la situación para ningunearlos valiéndose precisamente del apoyo económico recibido mediante la Reforma Laboral de marras. Porque si aprovecharan la situación creada para marginar a los trabajadores del beneficio en función de un salvaje espíritu de ganancia pura y dura, entonces estarían animando a que esos mismos trabajadores reaccionaran de forma agresiva y destrozaran el campo aunque fuera en perjuicio de todos. La injusticia, sobre todo si se realiza con el dinero público, acaba en agresión descontrolada, más allá del sentido común y de una esperada prudencia. Sabemos que es así y los dueños de los campos saben también que así es.

España vive unos momentos de tensión evidentes. Unos están con los cuatro ases en la mano tras la Reforma Laboral, mientras otros, los más, están a la expectativa, sin saber a ciencia cierta qué harán los poderosos del capital con sus tierras perfectamente preparadas con lo que a todos pertenece, sobre todo, la ley. Y nosotros pensamos que solamente existe una solución viable entre gente que se supone que es buena gente: arriesgar el capital en la siembra del campo para que los demás puedan trabajarlo en régimen de corresponsabilidad y no solamente en régimen de marginalidad si la siembra no diere resultados. Los dueños del campo español tienen que estar dispuesto a compartir pérdidas pero también ganancias, sin caer en la aberración de enviar a galeras a los trabajadores según el resultado. O todos perdemos o todos ganamos. Tal es, suponemos, el espíritu de la Reforma Laboral en curso, y no mero capitalismo neoliberal destrozavidas.

Tengo guardada otra parábola en la recámara. Su naturaleza, sin embargo, depende de cómo se resuelva esta primera. El tiempo decidirá. Tengan la seguridad de que, en su momento, la conocerán.

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