tribuna abierta

Borrador del pensamiento

 01:42  

JESÚS CONDE VÁZQUEZ, SOCIÓLOGO Un borrador del pensamiento, de existir algo así, sería muy útil para suprimir las muy visibles cadenas que en forma de convenciones, costumbres, atavismos, etcétera, durante demasiado tiempo han tenido –tienen– como efecto el mutilar lastimosamente la existencia de las personas. Solo ahora, apenas, empezamos a tomar conciencia de lo absurdo de alguna de aquellas.

Lucía, mi madre, sufre un desafortunado y reciente accidente doméstico. Desnuda, lastimosamente caída en el suelo del cuarto de baño de su casa, implora mi ayuda. Mas cuando acudo a ella parece prestar más atención a su desnudez que a la más que evidente fractura de su mano derecha. Ella, mecánicamente, cree que primero debe sustraer su desnudo cuerpo de la mirada de su hijo, y me urge a cubrirla con una bata. Ser "chico" no ayuda.

¡Ah!, es el pudor, que cada cual gestiona como puede, y que a otro familiar próximo maltrata también al adoptar contra todo consejo una conducta irracional consistente en evitar a toda costa que en el centro donde reside se sepa que precisa ayuda para controlar la orina. Para ello se vale de estrategias inverosímiles ancladas en antihigiénicos métodos de hace más de 75 años.

La atención a nuestros mayores conlleva necesariamente tareas tan cotidianas como el aseo, la manipulación de pañales o el elemental proceso de vestirse. Si los padres son mayores, casi todos podrán contar situaciones cotidianas relacionadas con el manejo del siempre presente pudor, por el que mi madre, privada ahora de una mano, rechazará que le ayude a ponerse sus prendas íntimas, cosa que hay que respetar, no obstante, escrupulosamente. Y atentar contra estos deseos es muy fácil, aunque las capacidades cognitivas de ellos parezcan o estén mermadas. Con esto siempre hay que tener y exigir mucho cuidado. Hospitales y residencias deben ser examinadas con lupa en esta materia antes de decidir.

Mas si de demenciales imposiciones atávicas hablamos, la palma se la lleva, como no, la religión. Una temprana idea humana, que junto con la agricultura y la casa rectangular, la especie produjo aproximadamente 10.000 años a.C. Aquí y allá. Hoy y ayer. Siempre fueron varones –sacerdotes, imanes, popes– los que han venido imponiendo a todos, y a la mujer de forma particularmente cruel, usos, ritos, obligaciones, costumbres, ataduras de todos los colores que ellos, sistemáticamente, se ahorraban.

Si triunfó la explicación del origen humano del Génesis, por el que la mujer es una prolongación del varón, y además fuente del pecado, no resulta extraño que la mujer haya estado secularmente subordinada al varón y señalada como fuente principal de la concupiscencia. Tres religiones comparten el mismo relato. Y las tres todavía no han logrado superar aquella idea de la mujer. No es casualidad que las tres nacieran en la misma zona.

Nos escandalizamos con crueles imposiciones musulmanes: hiyab, burka, chardor, niqab, etcétera. Pero las religiones cristianas no pueden hablar muy alto al respecto. Comparten una historia parecida, aunque hayan divergido ahora por razones vinculadas al imparable avance de la democratización y la modernidad liberándonos al fin – o en camino– de ataduras irracionales.

Si las religiones son una de las causas fundamentales del trato discriminatorio a la mujer, parece que no cabrían dudas, a estas alturas, de la conveniencia de excluir lo que debe quedar exclusivamente en el ámbito privado, en el que cada cual puede proceder como le plazca, siempre que no se atente contra la ley. No dudamos que la ablación del clítoris es inadmisible por muy privada que sea.

Hablo de la mujer presentada hasta el hastío como objeto de pecado; de un mundo en el que la muerte era omnipresente y que, hasta hace poco, vestía de negro a casi todas las mujeres de por vida, tiñendo macabramente de negro la luz de por aquí y de amargura la belleza de ellas; que las ponía a rezar para reducir las eventuales estancias de sus muertos en el ahora desaparecido –por decreto, de los mismos que lo inventaron– purgatorio; de la ocultación del cuerpo femenino de pie a cuello tras una maraña infinita de ropajes para hacer imposible el menor atisbo de la anatomía femenina.

Este escenario parece ahora superado por la imparable emancipación de la mujer, en mi opinión, el proceso cultural y social más revolucionario de la nuestra historia reciente. Logro que se está ganando a pesar de las doctrinas religiosas. Progreso y dogma.

Cuanto menos de lo último más de lo primero. Ecuación autoevidente que no precisa mayor demostración.

  HEMEROTECA
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  LA OPINIÓN |  LOCALIZACIÓN     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR  
laopinion.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopinion.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 

  

Aviso legal
 
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya