JAVIER NEIRA
De la democracia orgánica a la orgiástica por no decir orgásmica. En Rumanía están que se tiran de los pelos porque el congreso de Sevilla acaba de batir el récord mundial que había establecido el camarada Tostov en 1953 cuando el politburó ampliado del PC de Transilvania le reeligió con el 97,1 por ciento de los sufragios.
La cosa viene de atrás. Aznar nombró a dedo a Rajoy en las mismísimas narices de Rato y Oreja. Y cuando hace cuatro años Aguirre amagó con disputar al de Pontevedra la primogenitura del partido se topó con una sentencia feroz: conservadores y liberales, fuera del PP. Quedaron apenas los tecnócratas-socialcristianos: católicos españoles a las órdenes de luteranos alemanes.
Con estos mimbres ¿es de extrañar que los sindicatos, super desprestigiados porque son más verticales que los de Franco y están plagados de liberados del trabajo hayan sacado ayer a la calle a cientos de miles de personas?
Qué menos. Rajoy ha resucitado la vieja lucha de clases y, con el manual clásico del capataz eficiente en la mano, quiere desviarla enfrentando a jóvenes trabajadores -o sea, parados- con viejos trabajadores -o sea, pre parados- y que los empresarios ganen por goleada aunque en la pugna España se vaya al carajo.
Vamos a ver, señor del 97,4 por ciento de los votos: las propuestas germanas para España son las que les interesan a ellos y tienen como fin echarnos de la competencia internacional convirtiéndonos en un país del Tercer Mundo.
No hay más. Y como el proceso está abierto y ya en tumba abierta el personal antes que aceptar esa negra perspectiva se acogerá a los liberados del trabajo y a la paleo izquierda que tantísimo daño nos ha hecho ya.
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la suite El príncipe de madera, de Bartok).