RICARDO MELCHIOR NAVARRO
PRESIDENTE DEL CABILDO DE TENERIFE
Canarias y Francia han mantenido a lo largo de los últimos seis siglos una estrecha relación, inserta desde sus orígenes en la historia de las comunicaciones y en el papel de nuestro Archipiélago como puente atlántico entre los continentes europeo, africano y americano. Desde la aventura protagonizada en 1402 por el caballero normando Jean de Bethencourt, con el inicio de la conquista de las Islas, y hasta bien entrado el siglo XVIII, en plena expansión europea hacia África y América, la escala de viajeros franceses en nuestro territorio resultó tan profusa como constante.
Con el paso del tiempo, la modernización de las comunicaciones y el desarrollo de sus infraestructuras no sólo favorecieron el desarrollo del modelo económico que situó a las Islas en la senda del progreso sino que, además, se intensificó ese vínculo con Francia. A través de la agricultura de exportación, el comercio y el turismo, las relaciones franco-canarias adquirieron una preponderancia que terminó por repercutir también en ámbitos sociales y culturales.
A día de hoy, en Tenerife podemos dar testimonio de los frutos de esta estrecha cooperación, labrada a lo largo del tiempo. Así lo hemos hecho, esta misma semana, en un acto celebrado en Madrid, en la Residencia de Francia en España, donde tuve el honor inmenso de recibir la Orden Nacional del Mérito, en la categoría de "Comendador", concedida por el presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy. Aceptada y asumida como una responsabilidad en el desempeño de mis funciones como presidente del Cabildo, deseo considerarla, más que como un mérito personal, como un reconocimiento e impulso a las relaciones que de antiguo unen a nuestros pueblos.
En ese sentido, nos referimos –a modo de ejemplo– a la cooperación experimentada desde el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables, con el desarrollo de proyectos en diversas regiones francesas. Sin olvidar, además, el intercambio de experiencias para la elaboración de nuestros vinos, históricamente reconocidos en aquel país, como he podido corroborar a raíz de mi ingreso en la Jurade de Saint-Emilion, la cofradía de vinos más antigua del mundo.
Asimismo, en la actualidad trabajamos de la mano en el desarrollo de proyectos de conectividad, a través del consorcio que gestiona el cable ACE (Africa Coast Europe) y que unirá Francia con África, pasando por Tenerife, el único punto de España donde hará escala esta nueva infraestructura, que, a través de 18.000 kilómetros, pasará por 21 países. Su alto carácter estratégico para el desarrollo de África fue subrayado por el propio presidente Sarkozy, en la última Cumbre Franco-Africana, donde ponderó su alto valor para la conectividad y reconoció su impulso sobre las telecomunicaciones, como motor del crecimiento social, educativo y comercial. Por ello, aprovechamos el acto para solicitarle al embajador Bruno Delaye, que traslade al presidente nuestra invitación a visitar la Isla y conocer, personalmente, detalles sobre el avance del proyecto y de otros en los que también trabajamos.
La formación, con ejemplos como la implantación en Tenerife del Liceo Jules Verne de la Misión Laica Francesa o la impartición, en la Universidad de La Laguna, del grado de Estudios Francófonos Aplicados, fue otro de los aspectos a los que nos referimos. Igual que a los proyectos de cooperación para el desarrollo emprendidos por el Cabildo en países del África francófona, cuyo mejor ejemplo lo hallamos en Senegal, con el que mantenemos una estrecha relación.
No obstante, también tuvimos ocasión de advertir que todas estas iniciativas surgen en medio de un escenario complicado, como es la muy delicada coyuntura actual, donde nuestra posición como región ultraperiférica de la Unión Europea nos hace más frágiles. Siendo un problema que compartimos con Francia, cuyos departamentos de Guadalupe, Martinica, Guayana y Reunión sufren una situación parecida –lo mismo que Portugal–, nuestros gobiernos están obligados a alzar la voz en Europa en pro de políticas diferentes que propicien la reactivación económica y el empleo.
Nuestra cercanía al continente africano y a terceros países en vías de desarrollo –como dijimos en la Residencia de Francia– sigue siendo una gran oportunidad para todos. En franca colaboración y bajo la defensa de intereses comunes, como ha sucedido a lo largo del tiempo, hemos de ser capaces de afrontar el futuro con ilusión. No podemos dejar pasar esa ocasión que se nos brinda, a favor del desarrollo económico, científico y tecnológico, entendido como fuente de progreso.